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Posted on 27 May 2016 in Actualidad local, Diócesis, Política y sociedad, Transparencia

“Misión dinámica” en Tierra Santa

“Misión dinámica” en Tierra Santa

 

ENTREVISTA – En una excelente entrevista con Salt and Light Televisiones el 3 de marzo de 2016, el padre David Neuhaus, jesuita, habló sobre su vocación y la misión concreta de Tierra Santa y de la Iglesia de Jerusalén.

Entrevista

Al reverendo padre David M. Neuhaus, jesuita (SJ)

Por el reverendo padre Thomas M. Rosica, salesiano (CSB)

Centro Notre Dame de Jerusalén, 3 de marzo de 2016

PTR: Padre David Neuhaus, gracias por sacar algo de tiempo de su tan apretada agenda para reunirse con nosotros durante nuestro tour por Jerusalén, ¡bienvenido!

PDN: Gracias, es un honor para mí.

PTR: Es jesuita, el vicario del Patriarcado para los católicos de habla hebrea y está muy implicado en la comisión para el ministerio pastoral entre los emigrantes. Son muchas responsabilidades, y además usted es miembro de la Sociedad de Jesús, un sacerdote relativamente nuevo y también tiene sangre judía. Por ello vamos a empezar por el principio. Hábleme de David Neuhaus y de su experiencia, de su infancia en Sudáfrica en el seno de una familia judía. ¿Qué me puede contar de todo ello?

PDN: Crecí en una familia de emigrantes, emigrantes judíos que huyeron de la Alemania nazi en la década de los años 30 y se refugiaron en Sudáfrica donde nací en una comunidad judía muy coherente y unida en 1962. Toda mi educación se desarrolló en la escuela diurna judía, un sistema excelente del que la Diáspora judía siempre ha estado muy orgullosa y con buenos motivos. A los 15 años, mis padres decidieron enviarme a Israel. Las cosas estaban bastante complicadas en Sudáfrica, estamos hablando de los años 1976-1977, años muy negros en el país. Como estaba registrado en un colegio judío, y a los colegios judíos les ofrecían la posibilidad de enviar a los niños a Israel, allí me mandaron, aunque me fui pataleando y chillando porque no me quería ir.

PTR: ¿Dónde hizo su Bar Mitzvav, en Sudáfrica o en Israel?

PDN: En Sudáfrica en 1975, dos años antes de venir. Llegué aquí e inmediatamente me enamoré de Jerusalén y ya no me quise ir.

PTR: ¿Por qué? ¿Qué significaba Jerusalén para un chico joven judío?

PDN: No creo que fuera muy judío. Creo que fue esta ciudad palpitante la que realmente me pareció el centro del mundo. No creía en Dios, rezábamos porque teníamos que hacerlo, se trataba de una escuela diurna día judía. Imagino que pasa lo mismo con las escuelas católicas. Pero las cuestiones de la religión y Dios no me interesaban. Lo que yo sentía era esta energía palpitante, quería explorar esta ciudad fascinante y salí a explorarla. Nos mostraron partes de la ciudad, pero fueron las partes que no nos mostraron las que encontré realmente fascinantes.

PTR: Que fueron…

PDN: Las zonas cristianas, musulmanas, árabes… Todo lo que no me mostraron me atrajo. Además, por motivos que ni siquiera recuerdo, me fascinaba también por aquella época la historia rusa, por lo que decidí visitar los monasterios rusos. De hecho, en aquella época estaba empeñado en escribir un libro, solo tenía 15 años, pero quería escribir un libro sobre una mujer que fue canonizada por la Iglesia rusa. Era hermana de la última emperatriz de Rusia, Santa Elisabeth Federovna, una mujer que me fascinaba, que tuvo una vida increíblemente dramática y que está enterrada en Jerusalén.

Averigüé que un familiar lejano era la Madre Abadesa de un monasterio en el Monte de los Olivos. Por ello, una tarde de Sabbath, un sábado por la tarde, me escapé del internado y subí andando hasta el Monte de los Olivos para intentar entrevistar a la Madre Tamara, que estaba en coma. No tuve éxito en mi intento, pero la monja que la cuidaba me dijo que había otra monja que recordaba todo aquel período y que conocía a Elisabeth Federovna. Me dijo: “Ve a verla”, y yo le dije que así lo haría. Corrí y me presenté yo mismo a la Madre Bárbara, una monja ortodoxa griega de 89 años, paralítica ya desde hacía 20 años y confinada a una pequeña habitación. Monja, anciana y paralítica, la receta de la depresión. Pero fui y hablé con ella largo y tendido,pasamos tres horas juntos. Compartió información conmigo de forma entusiasta sobre Elisabeth Fedorovna, los Romanov, y sobre la vida durante el imperio ruso. Yo estaba encantado, era como un sueño. Le agradecí muchísimo la información y volví a casa. Fue entonces mientras volvía al internado cuando me di cuenta de algo de repente que parecía absolutamente ridículo. Acababa de conocer a la persona más alegre que me había encontrado en toda mi vida y me dije: “No es posible, una monja de 90 años que está paralítica, ¡es imposible!”.

El siguiente sábado, me escapé de nuevo del internado y volví a ver a la Madre Bárbara. Le dije: “Madre Bárbara, no estoy hoy aquí para hablar de Santa Elisabeth, ni de Rusia… Tengo una pregunta importante que hacerle. ¿Por qué rebosa usted de alegría?” Me miró un poco avergonzada, porque creo que sabía que yo era un adolescente judío y que no quería decírmelo. Pero insistí y le dije: “Realmente quiero saberlo”. Finalmente dijo: “De acuerdo, te lo diré: ¡Estoy enamorada!” Pensé que eso lo explicaba todo, que tenía demencia. Y entonces, comenzó a hablarme de la persona de la que estaba enamorada, de que estaba allí. Nunca he tenido duda alguna de que Jesús es real después de ver el auténtico gozo en sus palabras. Espero de verdad poder encontrarme con Él en el futuro. ¡La fuerza de esa vieja anciana, paralítica y llena de alegría fue la que me llevó hasta Él! Luego me dije, “y ahora, ¿qué hago? Soy ateo, judío y orgulloso de serlo, orgulloso de ser un ateo de 15 años y acabo de conocer a Jesucristro”.

PTR: ¿En Jerusalén?

PDN: ¡En Jerusalén! Los siguientes meses y años los pasé intentando resolver todo mi dilema. En primer lugar tuve una conversación muy franca con mis padres, mis padres judíos que no eran practicantes pero sí muy judíos. Ellos o sus familias escaparon de la Alemania nazi. Y su primera reacción cuando les dije: “mamá, papá, me enviaron a Jerusalén y, ¿saben qué?, creo en Dios y tiene un hijo llamado Jesucristo”. Su reacción fue decirme: “¿Cómo puedes unirte a ellos después de lo que nos hicieron?” Estaba alucinado, nunca había pensado en ello. Les dije: “Les estoy hablando de Jesús”, y me dijeron: “pero tú eres judío”.

Por lo tanto, hice un juramento ante mis padres y les dije: “¿saben qué?, relajémonos. Les prometo que no haré nada en 10 años. Vamos a darnos un plazo de 10 años, y si sigo creyendo lo mismo en ese plazo cuando ya tenga 25 (tenía 15 por aquel entonces), lo aceptarán”. Me miraron y se sonrieron mutuamente y dijeron: “Trato hecho”. Probablemente pensaron que quizá al día siguiente querría hacerme budista y después musulmán… Habíamos solventado la crisis.

Durante los siguientes diez años, no sólo intenté conocer a Jesús mejor, sino también intentar buscar una respuesta a la pregunta de mis padres. ¿Cómo los seguidores de Cristo se habían comportado de esa manera?, los que decían ser seguidores de Cristo por supuesto.

En la Iglesia Ortodoxa griega no encontré una respuesta que me satisficiera. La respuesta que me dieron fue que el mundo es un lugar complicado y difícil y que en él ocurren cosas malas. Que si quería sentirme a salvo que me quedara allí y rezara, que me quedara en la liturgia. Estoy seguro de que conocen la liturgia rusa. Es el cielo, la liturgia bizantina es realmente el paraíso. Pero me dije que eso no podía ser, que no me iban a vender esa teoría. En la poca experiencia que he tenido he visto hermanas siendo malas las unas con la otras, y gente por ahí en el mundo brillante, radiante, y que no participan de la liturgia. Así que no puedo aceptar esa división.

Seguí investigando y ocurrieron dos cosas que fueron decisivas. La primera es que conocí al Papa Juan XXIII. Por supuesto, no le conocí en persona persona pero comencé a leer sobre él y a leerle a él y estoy convencido que, en cierto nivel, la pregunta que se hacían mis padres se la hacía Él también. Realmente estaba meditando sobre ese tema.

La segunda cosa que ocurrió es que conocí a una gente que se hace muchas preguntas, la Sociedad de Jesús. Por lo que poco a poco me fui moviendo en la órbita de la Iglesia Católica. Los años fueron pasando, aceptando el período de los diez años de pensar, meditar, discernir – palabra de buen jesuita – hasta que me convertí en jesuita. Cuando se cumplieron los diez años de nuestro acuerdo, mis padres estaban preparados. Estaban dispuestos a aceptar que la oveja negra de su hijo sería finalmente bautizado y aceptaron que quería ser sacerdote y convertirse en religioso. Fue un viaje maravilloso que acercó muchísimo a nuestra familia.

PTR: Mi primera reacción es: “¡Oh Dios mío! Increíble…

PDN: Permítame decirle que fue un viaje interesante que se prolongó aún más porque, después de pasados los 10 años, había descubierto la comunidad católica de habla hebrea de Jerusalén y me había convertido en miembro de la misma. Ahora estoy a cargo de dicha comunidad e insisto en que conservamos la misma política con la que me encontré cuando llegué y les dije: “Hola, creo en Jesús, bautizenme”. Y me dijeron: “¿Está loco? Eso es ir demasiado rápido. Dos años, no bautizamos a nadie hasta que no ha pasado por un período de dos años de estudio, aprendizaje, experiencia, arraigo en la comunidad y discernimiento”. Y dije: “De acuerdo, eso me dará dos años para salir del armario”. Nadie sabía lo que ocurría en mi interior, salvo mis padres y unos pocos amigos elegidos. Por ello, esperé dos años más y fui bautizado finalmente. Una maravillosa hermana católica irlandesa de San José de la Aparición fue mi madrina.

PTR: ¿Quién era, mi amiga la amiga Catherine Casey?

PDN: Si, su amiga la hermana Catherine Casey me acompañó durante muchos años, antes de que fuera bautizado. Y luego me bautizó un jesuita que, en aquella época, era el párroco de la comunidad de habla hebrea de Jerusalén. Cuando estaba siendo bautizado dije: “Escuche padre, lo ha visto, lo sabe, quiero ser jesuita”. Y me miró y me dijo: “¿Por qué corres? ¿Por qué tan rápido?… No aceptamos neófitos, debes esperar tres años.” Realicé mi doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad Hebrea durante esos tres años, tres maravillosos años de investigación y estudio conociendo aún mejor la iglesia local porque formaba parte de mi investigación y luego, finalmente, me permitieron entrar a formar parte de la Sociedad.

PTR: ¿A qué provincia pertenece?

PDN: ¡Esa es también una historia interesante! Cuando entré dije: “Escuchen, quiero formar parte de esta provincia”, queriendo decir Oriente Medio. “Quiero estar aquí, mi vida está aquí.”

PDN: Entonces, ¿no viene prestado de Sudáfrica?

PDN: No, nunca conocí la iglesia de Sudáfrica. Pero cuando quise entrar, el encargado de la provincia que era un egipcio muy sabio que vivía en Beirut dijo: “David, no te podemos traer a la provincia. Eres un judío israelí, nosotros somos egipcios, sirios y libaneses, estamos en guerra ¿cómo podemos acogerte entre nosotros?” Muy decepcionado le tuve que dar la razón, tenía lógica, y me dijo: “Ve a la provincia de Nueva Inglaterra, tienen vínculo con Oriente Medio”. Nueva Inglaterra, Boston… Estaba profundamente preocupado con eso. Me puse en contacto con la provincia de Nueva Inglaterra, me aceptaron y luego, cuando estaba a punto de irme, me escribieron y dijeron: “Necesitamos ser proféticos, tu lugar está con nosotros, pero ve a Nueva Inglaterra, ve allí a tener una experiencia, pero nos perteneces”. Así, en el segundo año de noviciado, vine a Egipto, pasé un período maravilloso con un estupendo maestro novicio que más tarde fue el encargado de la provincia de Oriente Medio. Éramos cuatro novicios: Dos egipcios, un sirio y yo, un judío israelí o lo que fuere. Mis tres compañeros novicios eran todos hombres casados en Francia. Yo soy el único del grupo que permaneció, pero realmente la experiencia de estar totalmente integrado en la Iglesia local, la Iglesia palestina de habla árabe, la Iglesia más numerosa en Oriente Medio, y mantener al mismo tiempo una identidad judía de habla hebrea, ha sido realmente una experiencia increíble.

PTR: ¿Qué es lo que experimenta en sí mismo; aquí usted es un judío de Israel, nacido en África del Sur, que vive en medio de esta tensión, en este huracán si puede llamar así, vive todo esto en su cuerpo, en su carne. ¿Cómo lidia con esto?

PDN: Considero que es una gracia. Creo que es una gracia maravillosa y sobre todo porque no creo que estoy lidiando con esto solo. Creo que estoy lidiando con eso, como parte de una Iglesia que está llamada a vivir eso. Y, por cierto, no es estar en el medio, sino que estar completamente, totalmente parte de dos sociedades que se desgarran entre sí, la sociedad israelí y la sociedad palestina. Esta es una gracia especial dada a la Iglesia de Tierra Santa, que la Iglesia está profundamente arraigada en ambas realidades.

Y nuevamente, no me gusta, de hecho, criticar fuertemente a cualquier persona que dice que la Iglesia está en el medio. Nuestro lugar no está en el medio, es nuestro lugar de ser la levadura y la semilla, y aquí veo la Iglesia profundamente arraigada desde hace siglos, desde el principio.

Los primeros árabes que creían en Cristo se mencionan en los Hechos de los Apóstoles y por eso podemos decir que la Iglesia árabe tiene dos mil años al igual que la Iglesia judía, o la Iglesia aramea, o lo que sea en ese tiempo. Cuando llegamos al día de hoy, vemos que Dios, con su habitual sentido del humor, ha arraigado a la Iglesia profundamente en ambas sociedades y eso nos hace testigos de una realidad.

¿Y cuál es esa realidad, que somos una Iglesia, que es completamente ajena al mundo en el que vivimos.

PTR: ¿Alguna vez se detuvo a pensar que lo que está viviendo o experimentando es Pentecostés, el grupo de los medos, elamitas y partos, y el grupo de los judíos y los no-judíos….

FDN:  Esto es lo que estamos llamados a vivir …

PTR:   David Neuhaus está viviendo así…

PDN: Bueno, no creo que es David Neuhaus, creo que es la Iglesia de Tierra Santa. Es la Iglesia de Tierra Santa que está volviéndose más y más consciente de quién es, cómo Dios ha formado esta Iglesia, porque tenemos esta pequeña presencia católica de habla hebrea en esta tierra y tenemos una institucionalmente fuerte presencia árabe palestina muy importante en esta tierra.

Siempre hemos tenido los expatriados, pero ahora tenemos una gran población de inmigrantes que viven predominantemente en el lado judío. Si podemos comprender plenamente lo que la Iglesia es, creo que podemos captar plenamente no sólo Pentecostés, sino que es un tipo de realidad escatológica que desciende de Jerusalén. Y de verdad creo que es una parte muy importante de la vocación de la Iglesia, hablar ese lenguaje que es, en gran medida, el lenguaje del reino. Se trata en gran medida del lenguaje de lo que parece totalmente imposible, pero que ocurre ahora, cada vez que celebramos la Eucaristía y salimos de Ella como cristianos.

Ahora, estoy tan consciente de eso, un año y medio atrás, pasamos por una terrible guerra aquí, nuevamente, nada nuevo. Gaza y nuestra parroquia en Beer Sheba, reflexioné sobre eso todos los días durante mucho tiempo cada día, que en el centro de Gaza tenemos nuestra parroquia, la Parroquia de la Sagrada Familia, las personas que viven en el miedo, los israelíes bombardeando incesantemente la ciudad, casi aplanando partes Gaza.

Allí la gente está celebrando la Eucaristía todos los días. Y a sólo unos pocos kilómetros de distancia, en el lado israelí, tenemos la ciudad de Beer Sheba, en medio de la ciudad está nuestra Parroquia de Nuestro Padre Abraham. Todos los días se celebra la Eucaristía en hebreo y, a menudo, en el refugio antibomba, debido a los misiles que se envían a través de Hamas. ¿Qué realidad crea todo esto? Se trata simplemente de un ritual o es la Iglesia, que se forma cada día como antitestimonio de lo que el país está atravesando. Creo que estamos llamados a reflexionar mucho sobre esto.

Durante muchos años, tuvimos un maravilloso patriarca que realmente reflexionaba sobre este asunto profundamente y llevó a la Iglesia años luz hacia adelante, siempre consciente de que somos un signo, un signo escatológico de lo que esta tierra está llamada a ser. Más allá de todas las hostilidades y todas las guerras, los cristianos dan testimonio de lo que parece imposible, pero sabemos que es posible, debido a que ésta es la lógica del reino.

PTR: Estoy muy feliz de descubrir el importante papel que el patriarca Michel Sabbah tuvo en su vida y ha tenido en mi vida también, su influencia, un hombre de visión. ¿Qué había en su liderazgo aquí en Jerusalén por aquellos años 1988, en adelante, que le impresionó y que le dio este sentido de Ecclesia, este sentido universal de la Iglesia y la misión?

PDN: Dos cosas y dos cosas que son muy claras, tal vez muchas otras cosas sobre su persona, su humildad, su sabiduría, su liderazgo, pero dos cosas muy importantes. Una de ellas, es su conciencia de que tenemos que hablar un nuevo idioma, que no podemos simplemente adoptar el lenguaje de los políticos, de las calles o incluso de nuestro sistema educativo en Palestina o en Israel.

Necesitamos desarrollar un lenguaje que es fiel a lo que somos como cristianos, lo que significa que ciertas palabras que están muy de moda en la calle, se conviertan en palabras que no podamos utilizar; o que necesitamos utilizar de una manera muy crítica, palabras como enemigo, odio, venganza. Estas son palabras que nosotros como cristianos no podemos simplemente difundir. Y otras palabras como perdón, amor y arrepentimiento, las voces críticas y la visión profética, son las cosas que tenemos que tomar en serio. De este modo, una cosa es el lenguaje, tenemos una forma específica de hablar que es el lenguaje del reino; el reino que ya está presente, ya que celebramos la Eucaristía y, sin embargo, no está presente porque el mundo aún no es Eucarístico.

La otra cosa muy importante que él hizo, es construir instituciones que hablan ese idioma, y sensibilizar a las instituciones que ya están establecidas que, éste es nuestro deber. La noción de cuando se construye la Iglesia, se derrumban las murallas. Pensamos en la construcción de una iglesia, así que levantamos las paredes y en nuestras comunidades cristianas, donde hay mucho miedo y creo que todos nos podemos dar cuenta del por qué y entender que es natural y humano, los muros que se levantan cuando tenemos miedo, son los muros que básicamente destruyen la Iglesia y no ayudan a construirla. Es por eso la insistencia del patriarca Sabbah para estar en diálogo constante con toda la sociedad que comparten nuestros valores, ya sean musulmanes o judíos.

Fui parte de una comisión vibrante, durante muchos años, que puso en marcha el diálogo, también con el pueblo judío y examinamos críticamente lo que significa el diálogo en nuestro contexto. Entendemos lo que significa en el contexto de Europa. Yo entiendo que en mi carne, judíos que vivían en los márgenes, fueron perseguidos y sufrieron porque eran una minoría muy pequeña. Esa no es nuestra realidad en Israel.

Los judíos, nosotros como judíos, somos una mayoría dominante, insensible. ¿Y qué significa cuando diálogamos como Iglesia con los judíos en Israel? Significa algo completamente diferente. Por eso, el patriarca Sabbah fue realmente un líder y un innovador, al pensar creativamente acerca del diálogo, tanto en la formulación del discurso y en la construcción de instituciones que es una herencia, que gracias a Dios, nos ha dejado y que debemos continuar trabajando.

PTR: Cuando mucha gente mira a la Tierra Santa y a la Iglesia en Jerusalén, al Patriarcado Latino, muchos no se dan cuenta que hay también una comunidad de habla hebrea vibrante del que usted es el líder ahora. ¿De qué se trata esta comunidad? ¿Quiénes son? ¿Simplemente judíos convertidos en Israel quiénes tuvieron una experiencia como la suya? ¿Son extranjeros que vienen aquí y encuentran una buena razón para hablar hebreo y la liturgia? ¿Quiénes comprenden esta comunidad?

PDN: Somos una comunidad muy diversa, tenemos siete localizaciones, a través de Israel y una comunidad que es muy variada. Hemos salido de un lugar histórico que siempre tratamos de honrar y eso es posterior al holocausto, posterior al establecimiento de la Shoah de una comunidad cristiana en Israel, que sentía profunda solidaridad con el pueblo judío después de la Shoah. Una apreciación profunda de nuestras raíces judías, una comunidad pionera cuando se trata de la visión que fue luego enseñada por Nostra Aetate. Fuimos fundada 10 años antes de la publicación de Nostra Aetate.

Algunos de nuestros fundadores como el padre Bruno Hussar estaban entre los visionarios que, más tarde, fueron capaces de formular la visión de Nostra Aetate. Esa comunidad fue fundada por algunos judíos convertidos, nunca hemos tenido una gran cantidad de judíos convertidos; miembros cristianos de familias judías que encontraron su hogar en Israel después de la Shoah, por ejemplo, las esposas cristianas de judíos que dejaron Polonia, Rumanía o Hungría. Ellos llegaron a Israel y fueron parte de la sociedad judía que hablaban hebreo, no muy bien al principio, pero sus hijos a la perfección. Ellos necesitaban una Iglesia que los acogiera; los Justos entre las Naciones, aquellos que habían salvado a los judíos y que también emigraron a Israel.

Hubo, por tanto, una gran vitalidad y un gran dinamismo en los primeros años, cuando la comunidad tenía, tal vez, unos pocos miles de miembros, sólo que no sabemos. Era una iglesia oculta el hecho de que si alguien estaba buscando una iglesia en Tierra Santa, estaba la Iglesia de la mayoría de habla árabe palestina. Estas personas estaban ocultas y no buscaban el centro de atención, prefirieron ser discretas. Lo que pasa es que a lo largo de los años, esta comunidad se transformó. Muchos de los jóvenes de esa comunidad han asimilado la población judía secular.

La comunidad se redujo, pero luego en la década de los noventa, comenzó a crecer nuevamente y de gran manera. En primer lugar, las grandes migraciones de rusos que entraron en el país, decenas de miles de ellos eran cristianos. Cientos de miles de ellos no eran judíos de una manera significativa, pero había muchos cristianos predominantemente rusos ortodoxos, pero nuestra comunidad comenzó a recuperar impulso con nuevas familias que vinieron a la Iglesia Católica.

Pero lo que realmente ha transformado la vida de la Iglesia en la sociedad israelí de lengua hebrea, ha sido el hecho de que Israel se ha convertido en un país rico. Y como un país rico, como los países de Europa, como Canadá, Estados Unidos o Australia, ellos atraen enorme migración; la migración laboral, las personas que vienen a buscar trabajo, la gente pobre; y personas que huyen de situaciones de conflicto o hambre como los refugiados.

Y así, en Israel hoy en día, el número de inmigrantes supera incluso el número de cristianos que son ciudadanos del Estado de Israel y estas personas viven en una sociedad judía de habla hebrea. Ellos no son de lengua hebrea, no quieren rezar en hebreo. Ellos quieren rezar en tagalo, konkani, malayalam, tigrinya, cingalés, en cualquier idioma del mundo. Pero los que están totalmente hablando en hebreo son los niños que han nacido aquí, que van a la escuela o guardería, siguen la escolarización normal y no sabemos lo que les depara el futuro.

Algunos de ellos ya han estado aquí por dos generaciones, en un caso que conozco, hasta tres generaciones de personas que están aquí y que están al márgen de la sociedad judía israelí de lengua hebrea. Nadie los ve como judíos, ellos están en cierta medida socialmente integrados, pero su futuro es lo que no sabemos, pero tenemos que servirlos. Y me gustaría insistir en que esto también que es parte de la misión de toda la Iglesia de Tierra Santa.

Esto no es sólo los de habla hebrea que buscan más fieles. Esta es la Iglesia de Tierra Santa reconociendo que ella no es más que una Iglesia preocupada por sobrevivir tras las paredes, sino que una Iglesia que tiene una misión y esa misión es también para los más pobres de los pobres de Tierra Santa hoy en día, los trabajadores migrantes que son explotados y abusados como son en todo el mundo.

PTR: Eso también es parte de su ministerio, esta comisión que lidia con esta vasta población de migrantes. Entre los grandes grupos que están aquí ¿Quiénes son? ¿Quién forma este otro aspecto de su ministerio pastoral?

PDN: Si hablamos de los cristianos en general y no sólo de los católicos, estamos hablando de decenas de miles de africanos, decenas de miles de asiáticos, decenas de miles de europeos del este. Cuando estamos hablando de los católicos, es una población muy fuerte de Asia, Filipinas, Indios y Sri Lanka.

PTR: ¿Estarían aquí en su calidad de trabajadores domésticos?

PFN: Como cuidadores, muchos en el campo de los cuidadores, pero también haciendo otros tipos de trabajos manuales que los ricos no quieren hacer. De modo que tenemos, nuevamente, una comunidad vibrante, no necesariamente de habla hebrea, pero que viven muy plenamente en la sociedad israelí, con el reto, una vez más, de estar en plena comunión con la Iglesia que habla árabe, de modo que siempre podemos reconocer lo que estamos llamados a ser, un signo de una unidad que está muy ausente.

PTR: Volvamos al principio, en su deseo de entrar en la Compañía de Jesús, el hecho de que los jesuitas se plantean grandes preguntas o cuestiones graves; ¿Cuáles son esas preguntas que usted está viviendo en ésta su increíble vocación?

PDN: Bueno, creo que una de las preguntas predominantes es una pregunta bíblica que se remonta a la pregunta que se repite en todo el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento y es “¿qué es lo que debemos hacer?”. Lo que deberíamos hacer, discerniendo constantemente sobre lo que somos, sobre nuestra identidad, lo que debe ser nuestra misión.

Así es que, por supuesto, podríamos decir que la gran pregunta y que está siendo una pregunta fundamental en mi vida ¿quién es este hombre? ¿quién es? Pero creo que como Iglesia, aquí, tenemos que reflexionar constantemente sobre lo que debemos hacer. ¿Qué debemos hacer? Algunas veces parece absolutamente claro, necesitamos sobrevivir. A todo costo, nuestros cristianos están abandonando el país, nuestros cristianos tienen miedo, necesitamos sobrevivir.

Y nuevamente surge la pregunta, ¿qué es lo que debemos hacer? ¿debemos construir muros? ¿debemos permanecer en los guetos?, o seguimos a este hombre ridículo, imposible, inaceptable, estúpido! Este hombre está constantemente diciendo a sus discípulos, vamos a salir, vamos al otro lado, vamos a estar constantemente en movimiento, creo que esta misión dinámica de Jesús es, de hecho, una importante fuente de reflexión para nuestra Iglesia.

PTR: Padre Neuhaus, quiero darle las gracias por no hacer aún más fuertes estos muros, sino que por construir puentes en todas las direcciones posibles. Le puedo garantizar que ésta no es la última vez que Salt and Light Televisiones tendrá una conversación con usted. Gracias, toda raba, shukran iktir.

PDN:  Muchas gracias a ustedes. ¡Gracias!

Programa de SALT and Light Televisiones