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Posted on 31 Mar 2016 in Homilías FT, Patriarca, Transparencia

Domingo de Pascua 2016 : homilía del Patriarca

Domingo de Pascua 2016 : homilía del Patriarca

JERUSALEN – La Misa del Domingo de Pascua fue celebrada esta mañana, 27 de marzo de 2016, en el Santo Sepulcro. Fue presidida por Su Beatitud Fouad Twal, Patriarca latino de Jerusalén. Lee aquí la homilía del Patriarca.

“¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
Queridos religiosos y religiosas,
Queridos fieles de Tierra Santa
Queridos fieles y peregrinos de todo el mundo, y todos nuestros periodistas y fotógrafos que cubrieron los acontecimientos de la semana pasada aquí, en el corazón de nuestra fe cristiana,

¡Deseo a todos una bendita Pascua, que la luz y la alegría de la Pascua irradien en su interior y en sus vidas!

“El Señor verdaderamente ha resucitado y se ha aparecido a Simón!” (Lc 24:34).

Estamos hoy aquí al final del triduo de la pasión de nuestro Señor. ¡Después de un doloroso viernes y sábado en silencio, la luz del día de Pascua brilla con luz propia y la alegría estalla con el comienzo de un nuevo día! Domingo, el primer día de la semana es el día del Señor, cuando Él hace todas las cosas nuevas.

El amor, “es fuerte como la muerte” (Cant 8:6), que conduce a la tumba, muy temprano en la mañana del primer día de la semana, cuando las mujeres con flores y especias fueron a ungir el cuerpo de su Señor, enterrado a toda prisa el viernes. ¡Ellas no encontraron el cuerpo de Jesús, la tumba estaba vacía! ¡Inclusive hoy, hermanos y hermanas, somos testigos, como también los miles de peregrinos y visitantes que vienen aquí todos los días, ven que la tumba está vacía! ¡Cristo ha vencido a la muerte!

Al igual que las santas mujeres, buscamos el rostro de Cristo, tenemos sed de su palabra, anhelamos su presencia y su paz. ¡Nuestro corazón está inquieto! Está inquieto, porque Dios aparentemente no está en el lugar donde nos gustaría encontrarlo. Lo buscamos en nuestras ciudades, en nuestras familias a menudo desgarradas y rotas, y en nuestros lugares de conflicto y violencia. Al igual que con las santas mujeres, nos permitimos estar ansiosos y con miedo del vacío y de la ausencia, pero no nos dejemos vencer por el miedo!

El Cuerpo de Cristo ya no habita en esta tumba. Se manifestó en gloria a sus discípulos y sus seguidores pudieron tocarlo. Inclusive, Tomás ha puesto los dedos en su costado (Jn 20:27). Este gran misterio de la resurrección de la carne, que también anticipamos y profesamos todos los domingos!

La tumba está vacía, el crucificado está vivo y nos pide que llevemos su mensaje al mundo para anunciar a todos, como lo hizo María Magdalena a sus discípulos: ¡”He visto al Señor!” (Jn 20:18). Este mensaje es para todas las personas del mundo, cristianos, judíos, musulmanes, creyentes, ateos. Todo el mundo está esperando esta buena noticia: Dios es amor hecho hombre, para librarnos de la muerte, del pecado y de cualquier tipo de violencia.

La gente hoy en día, aún necesita evidencia visible y concreta. Pero parece que nada puede convencer al hombre, incluso con la evidencia más tangible: Una tumba vacía, una sábana santa, los muertos que han resucitado, los enfermos que han sido sanados. Nada podría convencerlo porque la fe no es una historia de la creencia, es un regalo de Dios que da fruto en el corazón humano. El primer milagro de la resurrección de Cristo, es uno que ocurrió en los corazones de las santas mujeres: Una reversión, una conversión que hizo que se conviertan en mujeres aterrorizadas como estaban, las misioneras y testigos valientes.

Al igual que estas santas mujeres, estamos llamados a superar nuestros miedos y prejuicios para llevar el mensaje al mundo que espera.

¡Hermanos y hermanas, el mundo necesita conocer el rostro de Cristo resucitado y experimentar la paz prometida! “Nosotros, los que hemos recibido la gracia y el privilegio de la revelación, se nos exigirá mucho más” (Lc 12:48). No podemos anunciar la resurrección simplemente por palabras. Toda nuestra vida debe, en loores, proclamar esta misericordia infinita “de hecho y en verdad” (1 Jn 3:18), a través de nuestra unidad, nuestra alegría, nuestra oración y sobre todo, por la caridad y el servicio a los pobres, los abandonado, los refugiados, los marginados: “En esto conocerán que todos ustedes son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”! (Jn 13,35).

Hermanos y hermanas, hagámonos dignos de nuestra herencia, seamos testigos fieles, para ser “la luz del mundo” (Mt 5:14) para todos los que el Señor pone en nuestros caminos, entre ellos miles de peregrinos y turistas que llegan a este lugar santo todos los días, buscando a Dios y con todas estas personas alienadas, quebrantadas y heridas que sufren en medio de la guerra y la violencia, que están a la espera y en busca de oportunidades para una vida mejor, un hogar mejor y un mundo en paz.

Las mujeres salieron de la tumba, temblando y asombradas. A pesar del santo temor que enfrentaron ante una tumba vacía, pudieron anunciar el mensaje, “Cristo ha resucitado, no está aquí, ve a decirle a mis hermanos que vayan a Galilea y allí me verán” (Mt 28, 6:10). Cada rincón del mundo es una Galilea, donde Cristo ama a estar presentes en la familia, la oficina, el estadio y los campos de refugiados. Cada persona es una Galilea, donde el Señor ama venir y quedarse.

¡Hermanos y hermanas, el mundo espera mucho de nosotros, nosotros que somos los sucesores de los apóstoles y de la primera comunidad cristiana. Hoy el Señor nos invita a enterrar nuestros deseos mundanos, nuestras divisiones, nuestra hostilidad, nuestra falta de fe, nuestra falta de amor y nuestro egoísmo en esta tumba, por lo que podemos renacer y resucitar con Él a una vida nueva, una vida de misericordia! Despojémonos del “viejo hombre” (Ef 4:22), que vive en el miedo y la inseguridad. Vistámonos del nuevo hombre, que cree en el bien y la paz, y que Dios ha prometido: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10:10). Seamos firmes y sinceros en nuestra esperanza y rezen, oren sin cesar, que la paz finalmente llegará a la Tierra Santa, Medio Oriente y el mundo entero.

Estimados hermanos y hermanas –

Para los que están enfermos, los ancianos, los refugiados y prisioneros, víctimas de la indiferencia y el aislamiento, y aquellos que viven el Viernes Santo fatigados y sobrecargados por muchas pruebas.

Para ustedes que todavía pueden vivir la alegría de la Pascua, pero que no pueden propagar la Buena Nueva, a causa de las políticas irreflexivas y fanatismo ciego, y ante nuestros ojos, los inocentes sufren y perecen, especialmente con los trágicos sucesos de los últimos días en Bélgica, por los heridos y los familiares afligidos.

Solicitamos al Sr. Bruno Jans, Cónsul General de Bélgica en Jerusalén, que transmita nuestras condolencias y seguridad de nuestras oraciones al pueblo y al gobierno de Bélgica. A través de usted, decimos, todos nosotros tenemos el corazón herido por esta tragedia.

Por todos ustedes elevamos nuestras oraciones para que la esperanza de la resurrección pueda sanar sus heridas y consolar sus corazones rotos.

El mundo nunca puede rendirese ante esa esperanza, “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria.” (Col 3:4)

“No está aquí, ha resucitado como Él dijo.” (Mt 28: 6)

Vayan y propaguen esta noticia al mundo “para que cada hombre y mujer puedan transmitir la bondad y la ternura de Dios! ¡Que el bálsamo de la misericordia llegue a todos, tanto a creyentes como a los que están lejos, como una señal de que el Reino de Dios ya está presente en medio de nosotros!”

¡Aleluya, aleluya!

† Fouad Twal,
Patriarca latino

Fotos : Pascua 2016 ©LPJ / Thomas Charrière & Andres Bergamini

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