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Posted on 5 Aug 2014 in Actualidad de la región, Política y sociedad

El Drama Desconocido de los Cristianos de Irak

El Drama Desconocido de los Cristianos de Irak

Chrétiens-dIrak-300x200MEDIO ORIENTE – La actualidad del Medio Oriente está cubierta de sangre, de pánico y a menudo, de exilio. Es un fuego que una vez iniciado, no se apaga más. Mientras que el conflicto palestino-israelí está en las primeras páginas de la mayoría de los medios de comunicación, otra situación que aflige a la Iglesia en el Medio Oriente, sin realmente llamar la atención de la comunidad internacional: la de los cristianos en Irak, expresamente en Mosul donde sus vidas se ven amenazadas.

“Es una persecución directa y abierta por los Yihadistas Islámicos (ISIS) en Irak”. La evidencia es clara y firmada a mano por el Mons. Georges Casmoussa, Arzobispo Auxiliar Patriarcal Siríaco Católico en Irak. En una carta escrita en Roma, donde se refugió, el Obispo pide la ayuda de la comunidad internacional, de la ONU, de los Estados Árabes Musulmanes, del Congreso Islámico Mundial y de otros para actuar con el fin de evitar “una verdadera amenaza para la civilización humana” y para que asuman sus responsabilidades para con las minorías étnicas en Irak, en especial hacia los cristianos en Irak que están amenazados de exterminio u obligados a salir”.

Mons. Casmoussa se ​​refiere a la persecución sufrida por los cristianos en Irak, desde la llegada e instalación de un Estado Islámico en Mosul. Este despliegue brutal y violento de los yihadistas islámicos es un gran motivo de preocupación, pero demora a ser condenado y cuestionado por la comunidad internacional o por los movimientos de los musulmanes moderados.

Conocido por tener una importante comunidad cristiana – de 25.000 a 35.000 personas – Mosul está vaciado de todos los fieles que tuvieron que enfrentarse a una elección verdaderamente disuasiva: “El Estado Islámico (ISIS) comunicó por altavoces y con el reforzamiento de numerosas mezquitas, que los cristianos de Mosul para sobrevivir tendrían que elegir entre tres posibilidades: Convertirse al Islam, o pagar el jiziah (impuesto pagado por los no musulmanes), o salir de la ciudad sin llevar nada”.

 

A la espera de las reacciones

Los miembros del Estado Islámico no demoraron en poner en práctica sus amenazas. Los cristianos fueron asesinados, robados, golpeados. Casas e iglesias fueron destruidas, saqueadas. Un convento de los dominicanos y patriarcados que tenían manuscritos de gran valor fueron robados. Los cristianos están huyendo. Los que pueden al extranjero, sobre todo a Kurdistán. Otros se refugiaron en las familias y en las comunidades musulmanas sunitas o chiitas de Irak que los protegen, poniendo a veces, sus propias vidas en peligro.

“Estos eventos destruyen nuestros espíritus antes de que destruyan nuestro cuerpo. Ya no sabemos dónde está la verdad o la mentira, quedarnos en nuestro país o abandonarlo para emigrar …. vivimos en un tiempo que al dormirnos no sabemos si vamos a despertar con las explosiones, con el terrorismo y el éxodo”, diceun padre de familia.

Y la reacción de la comunidad internacional, que se convirtió casi en exclusiva a la Franja de Gaza o al accidente aéreo en Ucrania, se espera. El Papa Francisco intenta lanzar pedidos de ayuda, seguida de varios prelados de las Iglesias Orientales. El Dr. Nabil El-Araby, Secretario de la Liga Árabe, también condenó la violencia contra los cristianos. “Pero esperamos una fuerte reacción de los musulmanes moderados”, dice el Mons. Shomali, Vicario Patriarcal en Jerusalén.

Es también a estos musulmanes moderados y a la comunidad internacional que el Mons. Sako, Patriarca Caldeo de Bagdad, envió una carta donde pide, con mucha fuerza, a no negar y olvidar los lazos que, a lo largo de los siglos, unieron a los cristianos y musulmanes y, en la cual, implora a aquellos que aún se llaman de “hermanos” “que reconsideren y replanteen la estrategia adoptada, respetando a las personas inocentes y desarmadas de todas las nacionalidades, religiones y confesiones”.

Que esta ayuda sea escuchada.

Pierre Loup de Raucourt