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Posted on 3 Jun 2014 in Iglesia, Papa - Tierra Santa 2014

Junto a la Tumba vacía, Francisco y Bartolomeo en oración.

Junto a la Tumba vacía, Francisco y Bartolomeo en oración.

pape-francois-bartholomee-1er_article_large-300x200SANTO SEPULCRO – Cincuenta años después de Pablo VI, el momento culminante de la peregrinación del Papa Francisco, su encuentro con el Patriarca Ecuménico, al pie de la Tumba vacía del Señor Resucitado. Dos mil años más tarde, Pedro y Andrés rezan la oración de Cristo. “Que todos sean uno … para que el mundo crea” (Juan 17, 21).
Las campanas del Santo Sepulcro sonaban alegremente. Se espera al Santo Padre y al Patriarca. Ellos están aún en la Delegación Apostólica. El momento de fraternidad y de retorno, muy cálido, ha durado más de lo previsto. Se firmó un acuerdo. En diez puntos, una declaración común que da la bienvenida a los progresos realizados en el camino de la unidad, estimula el “conocimiento cada vez más profundo de las tradiciones del otro” en la búsqueda de “toda la verdad que Cristo dio a su Iglesia”. Invocando la “urgencia del momento que nos obliga a buscar la reconciliación y la unidad de la familia humana”, en particular a la “situación de los cristianos en el Medio Oriente”.
Por fin, “il Baba” llega a la puerta de Jafa. Unos momentos después, el abrazo tan esperado. Emoción y sencillez. Un momento histórico, una chispa de eternidad en la historia de la Iglesia y de la Humanidad. El Papa y el Patriarca se acercan, se dan un cálido abrazo, antes de ayudarse mutuamente a bajar las escaleras para acercarse al Santo Sepulcro. Los dos se arrodillan humildemente para besar la Piedra de la Unción, situada a pocos metros de la Tumba, el lugar donde el cuerpo de Cristo fue colocado para ser ungido antes de ser colocado en su Tumba. Los dos hermanos, Pedro y Andrés, se acercan junto a la Tumba vacía. Recogimiento ante el lugar más sagrado de la cristiandad. Al coro griego se une el coro latino acompañado por el órgano. ¡Cristo ha resucitado! “Kristos Anesti!” Como enfatizó en griego Francisco, Obispo de Roma, en su discurso. Frente del Sepulcro vacío del Señor, el Papa Francisco recordó “la gracia extraordinaria que estamos aquí reunidos en oración”, ante la “Tumba vacía” y enfatizó que el anuncio de la Resurrección es “el fundamento de la fe que nos une”. Se trata de la “grandeza de nuestra vocación cristiana: Somos hombres y mujeres de la Resurrección, no de la muerte.”

 

Enfrentar la muerte y la Resurrección, somos todos “cristianos”, recordó el Papa. “Cuando los cristianos de diferentes confesiones están sufriendo juntos, lado a lado, ayudándose entre ellos mismos con una caridad fraterna, hay un ecumenismo de la sangre (…). Los que matan por odio a la fe, persiguen a los cristianos, no les preguntan si ellos son ortodoxos o católicos: Son cristianos, la sangre cristiana es la misma”.


A su vez, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo II, recordó, en el Santo Sepulcro, “terrible lugar” y “puerta del cielo” (Gn 28,17) – que “el camino del amor es el único camino que conduce a la realización de la voluntad del Señor” como el Ángel repitió “no tengas miedo” y nos invitó a “vencer otro miedo que es quizás el más extendido en nuestra época moderna: El miedo al otro, el miedo a lo diferente, el miedo al que sigue otro credo, otra religión u otra confesión.”

 

Gran recogimiento durante esta celebración con pocos participantes. Un momento de intimidad entre los dos Apóstoles y el Señor, que al entrar en la Tumba al mismo tiempo, la besaron largamente en un mismo gesto.
Para este gran momento de oración y de unidad, el Papa Francisco y el Patriarca Bartolomeo fueron recibidos por las más altas autoridades de las tres comunidades Stato Quo (griega ortodoxa, franciscanos y apostólica armenia): El Patriarca Griego Ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III, el Custodio de la Tierra Santa, P. Pierbattista Pizzaballa, PFM y el Patriarca Armenio Apostólico, S.B. Nourham Manoogian. Igualmente presentes, el Patriarca Latino de Jerusalén, Fouad Twal, así como el Arzobispo sirio, el Arzobispo etíope, el Obispo anglicano, el Obispo luterano y otros obispos. Una ceremonia que mezclaba el griego y el latín, se reconciliaron para que desde el Sepulcro, una única oración llegue al cielo.

Myriam Ambroselli