Pages Menu
Categories Menu

Posted on 3 Jun 2014 in Iglesia, Papa - Tierra Santa 2014

Fin de la Peregrinación con los religiosos y obispos

Fin de la Peregrinación con los religiosos y obispos

Pape-au-cenacleJERUSALÉN – Antes de su regreso a Italia, el Papa aún tuvo tiempo para reunirse con los religiosos de la Tierra Santa en la Basílica de Getsemaní, antes de celebrar una misa privada con los obispos católicos, en el lugar santo del Cenáculo.


En la Basílica de las Naciones, más de 400 religiosos y sobre todo religiosas, se concentraron para recibir del Papa Francisco un mensaje que se dirigió especialmente a ellos. Fue recibido por el Patriarca Latino de Jerusalén, Mons. Fouad Twal, que hizo de portavoz de estos numerosos religiosos, para expresar un sentimiento de abandono. “Pedimos al mundo cristiano y a nuestros hermanos obispos, más cercanía, más solidaridad y un mayor sentido de pertenencia a la Iglesia Madre”, él declaró.
En un breve discurso, el Santo Padre exhortó a los religiosos a no dejarse vencer por el miedo. Reconociendo la difícil situación de los cristianos en Jerusalén y particularmente de los religiosos, el Papa llamó a que sean “testigos valientes de la Pasión de Cristo y de su Resurrección.”

 

Apenas salió de la Basílica, plantó un olivo al lado del que fue plantado por el Papa Pablo VI, hace cincuenta años, en medio de olivos centenarios que fueron, sin duda, testigos de la agonía de Cristo hace 2000 años.
Una misa en el Cenáculo

 

La misa en el Cenáculo, sólo con la ayuda de los obispos, era un deseo del Papa Francisco. Pero es un gesto eminentemente político, aunque, al principio, él no quería eso. La sala del Cenáculo habría sido la escena de la Última Cena de Cristo con sus discípulos. Y fue objeto de discusiones – no siempre agradables y pacíficas – entre los judíos que reivindicaban a su propiedad, por su proximidad a la tumba de David, los musulmanes hicieron ahí una mezquita hace muchos años y los cristianos que no piden mucho, sólo pueden celebrar ahí la misa y rezar varias veces por semana. Frente al Papa, el Custodio de la Tierra Santa, Padre Pizzaballa Pierbapttista, clasificó el lugar como “un lugar muy herido.”
Sin embargo, estos puntos de tensión no fueron objeto de la homilía, que se centró en los grandes valores cristianos enseñados por el gesto de Cristo que, al lavar los pies de sus discípulos, se hizo servidor de los Apóstoles y de la Iglesia. El Papa Francisco pidió a los obispos a guardar en la memoria, todo lo que el Cenáculo representa: El servicio, el sacrificio, la amistad, el compartir, la armonía, la fraternidad, la paz y la dimensión familiar de la Iglesia, después del anuncio de la Resurrección.
Una misa llena de emoción que terminó en una linda peregrinación. Un Papa desgatado y cansado, después de tres días de mucho movimiento, reuniones y discursos, llega al aeropuerto para su regreso, cerca de las 08:15 p.m., acompañado por su comitiva. Muchas personas van a poder respirar, pero corresponde hacer la cosecha de lo que fue sembrado. Y que dará buenos frutos.

 

Fin de la Peregrinación con los religiosos y obispos
JERUSALÉN – Antes de su regreso a Italia, el Papa aún tuvo tiempo para reunirse con los religiosos de la Tierra Santa en la Basílica de Getsemaní, antes de celebrar una misa privada con los obispos católicos, en el lugar santo del Cenáculo.


En la Basílica de las Naciones, más de 400 religiosos y sobre todo religiosas, se concentraron para recibir del Papa Francisco un mensaje que se dirigió especialmente a ellos. Fue recibido por el Patriarca Latino de Jerusalén, Mons. Fouad Twal, que hizo de portavoz de estos numerosos religiosos, para expresar un sentimiento de abandono. “Pedimos al mundo cristiano y a nuestros hermanos obispos, más cercanía, más solidaridad y un mayor sentido de pertenencia a la Iglesia Madre”, él declaró.
En un breve discurso, el Santo Padre exhortó a los religiosos a no dejarse vencer por el miedo. Reconociendo la difícil situación de los cristianos en Jerusalén y particularmente de los religiosos, el Papa llamó a que sean “testigos valientes de la Pasión de Cristo y de su Resurrección.”

 

Apenas salió de la Basílica, plantó un olivo al lado del que fue plantado por el Papa Pablo VI, hace cincuenta años, en medio de olivos centenarios que fueron, sin duda, testigos de la agonía de Cristo hace 2000 años.
Una misa en el Cenáculo

 

La misa en el Cenáculo, sólo con la ayuda de los obispos, era un deseo del Papa Francisco. Pero es un gesto eminentemente político, aunque, al principio, él no quería eso. La sala del Cenáculo habría sido la escena de la Última Cena de Cristo con sus discípulos. Y fue objeto de discusiones – no siempre agradables y pacíficas – entre los judíos que reivindicaban a su propiedad, por su proximidad a la tumba de David, los musulmanes hicieron ahí una mezquita hace muchos años y los cristianos que no piden mucho, sólo pueden celebrar ahí la misa y rezar varias veces por semana. Frente al Papa, el Custodio de la Tierra Santa, Padre Pizzaballa Pierbapttista, clasificó el lugar como “un lugar muy herido.”
Sin embargo, estos puntos de tensión no fueron objeto de la homilía, que se centró en los grandes valores cristianos enseñados por el gesto de Cristo que, al lavar los pies de sus discípulos, se hizo servidor de los Apóstoles y de la Iglesia. El Papa Francisco pidió a los obispos a guardar en la memoria, todo lo que el Cenáculo representa: El servicio, el sacrificio, la amistad, el compartir, la armonía, la fraternidad, la paz y la dimensión familiar de la Iglesia, después del anuncio de la Resurrección.
Una misa llena de emoción que terminó en una linda peregrinación. Un Papa desgatado y cansado, después de tres días de mucho movimiento, reuniones y discursos, llega al aeropuerto para su regreso, cerca de las 08:15 p.m., acompañado por su comitiva. Muchas personas van a poder respirar, pero corresponde hacer la cosecha de lo que fue sembrado. Y que dará buenos frutos.