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Posted on 17 Apr 2013 in Aprender, Lecturas

¿Qué espera Mons. Antoniazzi en Túnez? Y ¿qué le espera?

¿Qué espera Mons. Antoniazzi en Túnez? Y ¿qué le espera?

Carthagecathedralegrdbnok-300x168TÚNEZ – El domingo, 14 de abril, el nuevo arzobispo, monseñor Antoniazzi, un veneciano que vivía en Tierra Santa desde su juventud, entró oficialmente en Túnez. Una nueva etapa se inicia para la pequeña comunidad católica del país; donde comenzaron  las revoluciones que, en pocos meses, inflamaron el norte de África y han cambiado su rostro. Y donde la tormenta política y social para la construcción de una democracia no parece disminuir. ¿Cuál es la situación actual de los cristianos en esta parte del Magreb, donde la presencia de salafistas se manifiesta de forma inquietante? El nuevo arzobispo de Túnez responde a Oasis.

De Galilea a Túnez: a Mons. Ilario Antoniazzi le espera un buen salto. Ha sido nombrado nuevo arzobispo de Túnez y entrará en la capital tunecina el domingo 14 de abril. Mons. Antoniazzi, de origen véneto, llegó a Tierra Santa todavía joven para su formación en el Seminario del Patriarcado de Jerusalén de los Latinos; ordenado sacerdote en 1972, dejó su cargo de párroco de Rameh en Israel (cerca de 3500 cristianos, de los cuales aproximadamente 500 latinos) y de director general de las Escuelas del Patriarcado Latino en Israel, para guiar la comunidad católica de un país comprometido en el arduo intento de construir una auténtica democracia y de relanzar una economía en dramática crisis.

Sin embargo, a semejante destino, que nunca habría imaginado, Mons. Antoniazzi llega con una buena dosis de realismo y mucha esperanza: «Me espera un verdadero salto. Espero que no sea un “salto mortal”. El contexto será muy distinto, pero espero comprender el designio del Señor sobre mí y sobre Túnez. He hablado con el Vicario general de la archidiócesis, que me ha descrito detalladamente la situación y he intuido que todos deberemos insistir en la esperanza: es preciso alimentar siempre la esperanza de los cristianos que viven allí. Túnez vive un momento delicado y muchos se preguntan cómo acabará la historia. Pero sólo el Señor, el Dios de la historia, puede responder, no el hombre».

¿Cómo ha visto desde Galilea las primaveras árabes?

«He seguido sobre todo las revueltas de Oriente Medio, de Siria en particular, nuestra vecina, y de Líbano. Entonces Túnez me parecía lejanísima. Pero estoy recuperando, estoy leyendo y estudiando la situación. Ahora Túnez está muy presente en mis lecturas y pensamientos».

¿Cómo fue en el pasado su experiencia de proximidad con los musulmanes?

«En Galilea no teníamos particulares problemas de convivencia entre cristianos y musulmanes, porque aquí gobierna la ley de Israel y, tanto los cristianos como los musulmanes somos minoría. Sin embargo, viví durante veinte años en Jordania, donde los cristianos éramos neta minoría respecto a los musulmanes. Pues bien, ese fue realmente un hermoso período. No había problemas. Es más, teníamos muchos amigos musulmanes, con ocasión de las fiestas religiosas se compartían muchas cosas, nos felicitábamos mutuamente. Entonces aprendí a querer al mundo musulmán, a descubrirlo hasta considerarlo interesante y amigo. Si había desavenencias, se resolvían, pero nunca se llegaba a puntos sin retorno».

¿Recuerda alguna anécdota que ejemplifique esto?

«Recuerdo que cuando el Obispo da Amán venía a verme, se veía obligado a atravesar algunas aldeas musulmanas antes de llegar a mi casa. Para él era una especie de obligación moral detenerse por el camino y saludar a los jefes de tribu musulmanes, tomar un café con ellos. Si por falta de tiempo no lograba detenerse y ellos se enteraban, lo lamentaban profundamente. Era casi una ofensa para ellos si el Obispo cristiano pasaba sin saludarles. Un poco como sucede entre parientes. Este era entonces el tenor de las relaciones en Jordania entre cristianos y musulmanes. A pesar de las diferencias de religión, éramos casi como hermanos».

Una experiencia de buen agüero en vista de su traslado a un país de amplia mayoría musulmana… ¿Cómo piensa moverse al comienzo de su nueva misión?

«Quiero dedicar el primer período a conocer directamente a las personas, visitando las parroquias y las comunidades. Deseo conocerlas una a una, para decir de nuevo a todos los cristianos de Túnez cuán importante es su presencia como testigos de paz y de esperanza en África y en Túnez, pese a las dificultades que puedan vivir diariamente. Deseo compartir con cada uno toda fatiga y toda alegría, participar en su vida concreta».

La comunidad cristiana en Túnez se caracteriza por la presencia de nacionalidades diversas, al menos unas ochenta. ¿Cómo ve este aspecto? ¿Existe un riesgo de fragmentación?

«Ciertamente no podemos ocultar el hecho de que una composición semejante conlleva dificultades, porque cada proveniencia implica también costumbres particulares. Pero yo querría valorar sobre todo la riqueza que ofrece una variedad así. Por otra parte, ¡tenemos en común la misma fe! Con todas las nacionalidades aquí presentes entre los cristianos, podemos componer un rompecabezas en el cual se vea el designio de Dios que se realiza, en comunión, con numerosos colaboradores distintos. Cada uno puede y debe aportar su granito para enriquecer la Iglesia local».
Usted desempeñará su ministerio en un país en el cual el partido de referencia islámica ha ganado las últimas elecciones. En un contexto así, ¿cómo pueden actuar los cristianos para evangelizar y anunciar a Cristo

Resucitado sin incurrir en el riesgo de ser acusados de proselitismo?

«Este es un tema crucial. Creo que nos ayudan nuestros predecesores, nuestros padres cristianos, que testimoniaron a Cristo y difundieron la fe cristiana con su caridad. Quienes se encontraban con ellos y veían cómo se comportaban, se preguntaban: “¿Dónde está el origen de su capacidad de amar y de darse? ¿Cómo pueden vivir así?”. Se puede predicar el Evangelio viviendo la caridad. Baste pensar en la madre Teresa de Calcuta: estaba sola, pero con su humildad y caridad cambió el corazón de muchos. También nosotros podemos dar algo, en la vida diaria, no podemos quedarnos mirando. Sin pretensiones. El principal “sermón” para los musulmanes no es el que hacemos en la iglesia delante de todos, sino nuestra manera de vivir y actuar. Si alguien nos pide ayuda, es inútil preguntarle de qué religión es. La caridad no distingue ni pone problemas, te impulsa hacia el prójimo y el resto lo hace el Señor».

Usted entrará oficialmente en una catedral construida por los franceses durante la época colonial, el único edificio religioso en la avenida principal, Avenida Bourghiba, en el corazón de la ciudad. Algún editorialista musulmán ha remarcado la falta de una mezquita visible en la zona. ¿Cómo lee estas objeciones?

«En el pasado era normal construir una iglesia semejante. En aquellos tiempos no había demasiada delicadeza para con los demás. Dominaba el orgullo francés. Pero actualmente, una actitud así crea contraste con la sencillez del Evangelio. Fijémonos en cómo se comporta el Papa Francisco. Espero que podamos aprender a distinguir la época pasada de la presente».

Su casa en Túnez da a una calle central, abarrotada de jóvenes musulmanes. ¿Cuáles son sus sentimientos hacia ellos?

«De simpatía y amor, porque creo que somos todos hijos de Dios y, por tanto, hermanos. No tenemos el derecho de mirarnos sin amor. Esto independientemente de su posición respecto a mí.
Diría lo siguiente: “Yo, cristiano, te quiero, hermano musulmán. Espero que puedas corresponder este amor, pero en cualquier caso yo sigo queriéndote. Estoy aquí para anunciarte solo amor”».

Y ¿cómo ve un posible compromiso de los cristianos en los asuntos políticos del país?

«Creo que la Iglesia no está llamada a exponerse directamente en política, pero los cristianos pueden expresar su posición. La Iglesia debe recordar dónde está el bien de la persona humana, pero sin intervenir directamente en la Constitución o en sus decretos. Si estos últimos van en contra de los cristianos acabarán por ir en contra también de los musulmanes. La Iglesia debe ser prudente, pero no debe desistir nunca en su tarea de recordar los puntos esenciales del respeto de la dignidad de los hombres y mujeres, independientemente de su pertenencia religiosa».

Volvamos al momento de su nombramiento: Cuando le comunicaron su nuevo cargo, ¿cuál fue su reacción?

«La primera reacción fue de sorpresa: “Señor, pensé, ¡qué imaginación tienes! Pensar en mí, que vivo en el Norte de Galilea, cerca de la frontera con Líbano, y enviarme al otro lado del Mediterráneo”. Pero si Él ha tenido imaginación para llamarme a esta misión, también tendrá imaginación para ayudarme a vivir el episcopado allí. Siento temor y mucha confianza».

Entrevista de Marialaura Conte (Oasis).