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Posted on 2 Apr 2013 in Diócesis, Noticias de la diócesis

60 personas en «la gran marcha de Emaús»

60 personas en «la gran marcha de Emaús»

P1120996-300x225JERUSALÉN-EMAÚS. Lunes, 1 de abril de 2013, bien temprano, unos sesenta peregrinos emprendieron una marcha de 8 horas hasta Emaús-Nicópolis. A su llegada, la Comunidad de las Bienaventuranzas había organizado todo para celebrar una misa solemne y preparó una bienvenida cálida y refrescante. La Iglesia confió en 1993 a esta comunidad la revitalización y cuidado de este lugar santo.

El grupo partió del Cenáculo (Monte Sión, Jerusalén) a las 6 de la mañana para llegar, 30 km después, al sitio de Emaús-Nicópolis a media tarde. Peregrinos de paso, habitantes de Tierra Santa, franceses, italianos, alemanes, ingleses, indios y hasta chinos, todos cruzaron una Galilea primaveral, velada por el famoso viento del desierto (el hamsin), que sopla a veces sobre Jerusalén y trae consigo una ola de calor, y hace el aire seco y arenoso. Esto no impidió que los caminantes siguieran los pasos de Cleofás y Simeón, quienes, hace dos mil años, regresaban de Jerusalén a Emaús, tras los acontecimientos de la Pasión y muerte de Jesús y, según nos dice la Escritura, «mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos».

A su llegada, se celebró una solemne eucaristía en la basílica de Emaús a las cinco de la tarde, presidida por su beatitud Fuad Twal y concelebrada por Mons. Bathish y Mons. Marcuzzo, obispo titular de Emaús. El patriarca felicitó y dio las gracias a los valientes peregrinos. En su homilía, señaló que «el Señor se ha quedado con nosotros» para siempre. Invitó a los caminantes y fieles que se unieron en el templo bizantino para la misa a rezar «constantemente al Señor», a pesar de «las oscuridades de nuestras vidas y las tinieblas actuales de Oriente Medio y, en particular, de Siria».

Emaús se encuentra en la encrucijada de Latrún, entre Jerusalén y Tel Aviv. La tradición cristiana más antigua de los Padres de la Iglesia es unánime en su veneración de Emaús-Nicópolis como el lugar de la aparición de Jesús resucitado. Los cristianos de Tierra Santa, sobre todo, de las Iglesias orientales, se han mantenido fieles a través de los siglos hasta hoy. La beata María de Jesús Crucificado, una carmelita de Belén, a quien Jesús reveló el lugar exacto de su aparición en Emaús, confirmó esta tradición en 1878. Tras ello, los carmelitas compraron este lugar santo a los musulmanes y se efectuaron excavaciones arqueológicas. Las peregrinaciones cristianas a este sitio se reanudaron de nuevo.

Christophe Lafontaine

(Traducción del francés por Daniel Berzosa López, OCSSJ)

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