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Posted on 28 Mar 2013 in Homilías FT, Patriarca

Homilía del Jueves Santo 2013

Homilía del Jueves Santo 2013

JERUSALEN  – El Jueves Santo se celebra en el Santo Sepulcro la Misa de la Cena del Señor junto con la Misa Crismal. El Patriarca ha presidido la solemne celebración. Texto de la homilía. 

 Homilía del Jueves Santo 2013

jeudi saint album

Excelencias; queridos padres, religiosos y religiosas; queridos peregrinos; queridos fieles:

Buena fiesta.

En este Jueves Santo, nos hemos reunido en Jerusalén a unos cientos de metros del Cenáculo, junto a Cristo y sus discípulos, en el momento escogido por Jesús para instituir los sacramentos del Orden Sacerdotal y la Eucaristía.

El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús[1], solía decir el Santo Cura de Ars. Esta bella expresión tan significativa nos permite recordar, con afecto y gratitud, el inmenso don que son los sacerdotes y los consagrados, no solo para la Iglesia, sino para la misma humanidad. “Un buen pastor, un pastor según el corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios pueda otorgar a una parroquia y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina[2].

Estamos ahora en los inicios de un nuevo pontificado con el papa Francisco, padre de los pobres, que, a ejemplo del gran maestro, ha comenzado su pontificado con un gesto de humildad y sencillez, al pedir a los fieles que rezaran por él. Sabemos, por otro lado, que su tarea es grave y pesada: el Vaticano, la Iglesia, los sacerdotes, a causa de las divisiones y de algunos escándalos y, mucho más a menudo por las malas intenciones de los interlocutores, son el objetivo de los medios. En este Jueves Santo, tengamos como centro, en nuestra oración, pedir a Dios que nos ayude a purificar nuestra Iglesia, nuestros corazones, nuestras intenciones.

En el pasado, en Oriente, era muy frecuente el lavado de los pies, por el polvo de los caminos. Cuando una persona llegaba de un viaje, se le ofrecía a menudo una palangana con agua para que se lavara los pies o para que se los lavara el último de los criados. La tarde del Jueves Santo, Jesús y sus discípulos llegan al lugar de la cena y es Él, el Maestro y el Señor, quien actúa como el último de los siervos con sus discípulos. Pedro, en un primer momento, se rebela; pero Jesús da una significación particular a este “acto”. Ya no es sólo un ejemplo de humildad y devoción, sino el símbolo de una purificación espiritual, sin la cual Pedro no puede tener parte en la salvación (versículo 8).

Al final, Pedro entiende mejor este gesto e, incluso, pide ser “totalmente lavado”. Queridos amigos, en cada uno de nosotros hay un poco de San Pedro, que tiene más confianza en su propia forma de actuar y pensar que en el plan de Dios…, y que está dispuesto a morir por el Señor y, también, a negarlo por miedo o vergüenza.

Oremos por nuestra Iglesia, nuestra Tierra Santa y por todo Oriente Medio, para que el Señor nos lave y nos purifique de todo el polvo de la división, la infidelidad, las injusticias y la sed de poder.

“Os he dado ejemplo, para que, como he hecho, lo hagáis también vosotros” (Jn 13, 15). Jesús instituyó una práctica, un ejemplo que se debe renovar periódicamente. Él nos exhorta a buscar una profunda y concreta humildad en nuestra vida, sobre todo, en este Año de la Fe.

Esta fe que compartimos tiene como centro la Eucaristía. El lavatorio de los pies y la institución de la Eucaristía en el Cenáculo están profundamente entrelazados.

En la Eucaristía, Jesús se pone a nuestro servicio de un modo mucho más profundo que en el lavatorio de los pies. Nos alimenta con su carne y su sangre. Lava nuestro interior, nuestras almas. Él nos consuela, nos da fuerza para nuestras actividades diarias y para seguirlo como discípulos suyos.

Aquí, en Oriente Medio, ser un discípulo de Cristo es una vocación de cruz. Nuestro corazón sangra al ver que Siria se hunde cada vez más en una violencia que no tiene nombre, excepto el de la locura humana.

Nuestro Oriente Medio sufre cruelmente en su interior. Y creo que los políticos nunca conseguirán establecer la democracia y la justicia, mientras nuestra Tierra Santa sufra el conflicto que la aflige: la paz en Tierra Santa es la clave para la paz en Oriente Medio.

En Oriente Medio somos una Iglesia del Calvario, que tiene su esperanza en la Resurrección y su fuerza en la Eucaristía. Jesús nos da la fuerza para seguir viviendo en este “valle de lágrimas”, “permaneced en mí y yo en vosotros” (Jn 15, 4).

Con Él y en comunión con todos los amigos de Tierra Santa, no estamos solos. Pastor del pequeño rebaño de cristianos que vive en Tierra Santa, que sufre en la Tierra de la promesa, que no puede adorar la presencia real en lugar de la Última Cena, os invito a recordar la primera comunidad cristiana de Jerusalén, que era muy pequeña; pero encontró el valor, la fuerza, la esperanza sólo en la presencia de Cristo. Podemos también traer todas nuestras inquietudes, miedos, sufrimientos a la Eucaristía.

Queridos hermanos y hermanas de Tierra Santa, queridos peregrinos de paz:

La imagen lacerante de nuestro mundo, que ha comenzado el nuevo Milenio con el espectro del terrorismo y la tragedia de la guerra, interpela más que nunca a los cristianos a vivir la Eucaristía como una gran escuela de paz (Mane Nobiscum Domine, 27). Sí, la verdadera ayuda viene realmente de la oración y la gratitud al Señor en la Eucaristía.

Apelo a vosotros, cristianos de Tierra Santa y peregrinos, para que, en vuestras comunidades y en vuestras familias, podáis llegar a ser verdaderos adoradores, que frecuentan habitualmente la Eucaristía, para que tengáis la fuerza de construir una sociedad justa, una paz duradera. Un testimonio es ya la maravillosa obra de caridad sostenida por las comunidades cristianas, las parroquias y Cáritas en Jordania para ayudar a los refugiados sirios que lo necesitan.

En su discurso del Líbano con motivo de la firma de la exhortación apostólica “Ecclesia in Medio Oriente”, dijo Benedicto XVI: “¡Iglesias en Oriente Medio, no temáis; porque el Señor está verdaderamente con vosotras hasta el fin del mundo! ¡No temáis, porque la Iglesia universal os acompaña con su cercanía humana y espiritual![3].

Os deseo a todos que vayáis con alegría y humildad a encontrar al Señor en la Sagrada Eucaristía y a probar, vivir de ella, teniendo presentes sus palabras: “Estoy con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

Amén.

+ Fuad Twal, Patriarca Latino de Jerusalén


[1]Le Sacerdoce, c’est l’amour du cœur de Jésus (en Le curé d’Ars. Sa pensée – Son cœur. Presentación del Abbé Bernard Nodet, éd. Xavier Mappus, Foi Vivante, 1966, p. 98). La expresión citada se encuentra también en el Catecismo de la Iglesia católica, n. 1589.

[2] Enseñanza del cura de Ars, de la carta a los sacerdotes del papa Benedicto XVI (Osservatore Romano del 19 de junio de 2009).

[3] Benedicto XVI: Discurso con ocasión de la firma de la exhortación apostólica post-sinodal, Harissa, 14.9.2012.