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Posted on 23 Aug 2012 in Solemnidades, Vida litúrgica

En Nazaret, la Asunción se celebra de una manera única

En Nazaret, la Asunción se celebra de una manera única

NAZARET.- La solemnidad de la Asunción es muy popular en el mundo cristiano y especialmente en Nazaret. En la ciudad de María, esta fiesta se celebra con tres actos destacados en este orden: una procesión popular, la celebración de la misa, y la danza mariana, también llamada “danza de las espadas o del dragón”.

Paráclesis y procesión popular. La solemnidad de la Asunción de la Virgen María se celebra por todas las iglesias antiguas, católicas, por supuesto; pero, también, ortodoxas, aunque no se haya declarado oficialmente el dogma. Estas tienen lo que llaman “el ayuno de la Virgen” y “la pequeña Paráclesis”. Esta, que se corresponde en cierto modo con el “Pequeño Oficio de la Virgen María” del rito latino, es particularmente popular (muchos fieles, de hecho, la conocen de memoria). Se canta todos los días desde el inicio del mes de agosto. En Nazaret, la noche del 14 de agosto, la Paráclesis se termina con la procesión popular que parte de la iglesia melquita de S. José y desciende hacia “Mazar al-Adhra”. Los exploradores abrían solemnemente la procesión, los participantes (muy ecuménicos) llevaban antorchas o cirios; mientras los sacerdotes o los fieles portaban devotamente, a su vez, el icono de la Virgen. El coro y los fieles cantaban himnos marianos variados. En Mazar, el obispo Giacinto-Boulos Marcuzzo, vicario patriarcal en Nazaret, pronunció una breve homilía y bendijo a los participantes con el icono de la Théotokos y les deseó una feliz y santa fiesta.

La misa solemne en la basílica de la Anunciación. Punto culminante de la celebración, la santa misa se celebró el 15 de agosto en la basílica de la Anunciación, con la participación entre 1000 y 1200 fieles de Nazaret, de Galilea e incluso algunos peregrinos extranjeros. Tradicionalmente, la misa la celebran los carmelitas de Haifa, que corresponden así al gesto de comunión de los franciscanos, cuando celebran en Stella Maris, el 16 de julio, la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Este año, la misa estuvo presidida por el P. Raymond Abdo, OCD, rodeado por Mons. Marcuzzo, que aseguró la asistencia pontifical, pronunció la homilía y dio la bendición. También, concelebraron el P. Milton Altamiranda, vicario general carmelita en Haifa; el P. Ricardo Bustos, OFM, custodio franciscano de Nazaret, y muchos otros sacerdotes.

En su homilía, Mons. G.B. Marcuzzo, partiendo del gran mosaico central y otras pinturas que adornan la basílica de la Anunciación, habló de la proclamación histórica del dogma en 1950. Explicó las bases bíblicas, teológicas y eclesiales de esta verdad de fe y sacó conclusiones espirituales y pastorales para los fieles. «La Asunción es el ‘signo grandioso’ de nuestra esperanza. Lo que Dios ha prometido en la Creación y en la Alianza, lo hizo María de Nazaret y por tanto podrá hacerlo en cada uno de nosotros. Esta es también la base de nuestra alegría, a pesar de las cruces de la vida, y la base de nuestro compromiso optimista en la construcción del Reino de Dios en el mundo, pese a los ataques del “¡gran dragón rojo, cuya cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo!”». El obispo concluyó con la siguiente exhortación: «Tenemos gran necesidad de esta fuerza profunda y de este resorte interior para continuar en la historia nuestra misión cristiana en medio de las circunstancias de Oriente Medio y aun de Tierra Santa que condicen más bien al pesimismo, al indiferentismo, al relativismo e incluso al abandono. Es nuestra misión proclamar con humildad y valentía: “Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo”».

La “sahjeh” o “danza mariana de las espadas o del dragón”. Después de la misa, los fieles se reunieron en el patio de la iglesia para participar en la “Sahjeh” o baile popular, que se llama también mariana; ya que se realiza en honor de la Virgen María. O ‘del dragón’, en referencia a una representación sagrada de la lectura del Apocalipsis. Los participantes, juntos, grandes y pequeños, hombres y mujeres, forman un gran círculo y giran según una cadencia regular al ritmo de las palmas. En el centro, dos ‘combatientes’, armados con espadas y escudos, se enfrentan en duelo. El ‘zajjal’ recita versos tradicionales o improvisados de deseos inspirados por la lectura de la fiesta: para evitar que el gran dragón devore al niño que nace. El zajjal, que es el verdadero director de la danza, interviene al final de cada verso para ‘separar’ a los combatientes e invitar a los participantes a repetir en coro el estribillo.

Esta danza, típica en Nazaret durante esta fiesta, se desarrolla gracias a tres o cuatro familias del lugar: Mazzawi-Zaatrah-Abboud-Zeitoun. Guardan celosamente las viejas espadas y los escudos y transmiten tradicionalmente, de padres a hijos, este “baile mariano del dragón”. Después de terminarla en el patio de la iglesia latina, los danzantes se dirigen a la casa de los melquitas y, luego, a la de los maronitas; donde repiten este folclore mariano típico de Nazaret.

De nuestro corresponsal de Nazaret. Fotografías de A.K.

(Traducción del francés por Daniel Berzosa y López, OCSSJ)