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Posted on 23 Jul 2012 in Diócesis, Historia

Carta apostólica de Pío IX por la que restablece el Patriarcado de Jerusalén

Carta apostólica de Pío IX por la que restablece el Patriarcado de Jerusalén

Hoy, 23 de julio de 2012, a 165 años del 23 de julio de 1847, celebramos el restablecimiento del Patriarcado Latino de Jerusalén. Con la carta apostólica Nulla celebrior, el papa beato Pío Nono anunció en efecto el acontecimiento. Ofrecemos a continuación un extracto.

Ninguna ciudad ha sido honrada con un culto religioso tan extraordinario como la de Jerusalén. Jamás región alguna ha sido tan visitada por los cristianos, ni ha sido objeto de manifestaciones tan brillantes como Palestina.

Es la ciudad que contiene los señeros monumentos, testigos de las acciones de Nuestro Señor Jesucristo. Su visión nos recuerda las virtudes más sagradas por las que el Divino Redentor ennobleció de una forma especial esta ciudad. De suerte que, desde el comienzo dela Iglesia, los cristianos la han honrado de una manera extraordinaria. (…)

Lo que Nos recordamos prueba que, con justo título, Jerusalén y Palestina han atraído la veneración de los cristianos, tanto en la antigüedad como hoy en día.

Ahora, por lo que se refiere a la jerarquía eclesiástica, nada se ha conocido mejor en la historia dela Iglesiaque los honores con los que siempre se ha distinguido a la sede del Obispo de Jerusalén.

Sin retroceder a la más remota antigüedad, es cierto que, en el primer Concilio general de Nicea, en 325, se dice en el séptimo canon: se honrará al obispo de Aelia (Jerusalén) conforme a las antiguas costumbres y tradiciones.

Nadie ignora que, tras ello,la Iglesiade Jerusalén fue investida con la dignidad patriarcal y los derechos anejos. Es un hecho constante que, después de varios siglos, cuando Jerusalén fue liberada y conquistada por los príncipes europeos, se constituyó el Reino Latino de Jerusalén. Comenzó, entonces, la serie de patriarcas latinos y varios obispos latinos ocuparon la sede patriarcal. El cuarto Concilio de Letrán, bajo Inocencio III en 1215, confirmó la dignidad patriarcal de la sede de Jerusalén.

Pero, como consecuencia de las terribles vicisitudes y calamidades que golpearon a los ejércitos cristianos, la ciudad de Jerusalén volvió de nuevo a manos de los musulmanes, y cambió la faz de las cosas.

Sin embargo, aunque los Patriarcas no podían, por tanto, residir en Jerusalén y dar a su rebaño las atenciones que necesitaban; a pesar de los que los Romanos Pontífices, Nuestros predecesores, atendieron las necesidades de los fieles de otra forma, no dejaron, de ningún modo, de nombrar patriarcas latinos, al tiempo que los dispensaban de la obligación de residir, en tanto su iglesia estuviera bajo el dominio de los infieles.

Hoy, ya no existen las razones que impidieron al patriarca latino de Jerusalén residir en su diócesis, y velar por la salvación de su rebaño.

Por esto, tan pronto como fuimos elevados ala Cátedrade San Pedro, a pesar de Nuestra indignidad, en medio de los muchos asuntos dela Iglesia, Nos pensamos que sería bueno y que había llegado el tiempo de enviar de nuevo, a la ciudad de Jerusalén, un Patriarca del rito latino, por el bien de la religión, para elevar la antigua dignidad de la sede de Jerusalén, para difundir con más abundancia la fe católica. (…)

En consecuencia, con la autoridad de Dios Todopoderoso y la de los Apóstoles Pedro y Pablo y también de Nuestra autoridad, restablecemos en Jerusalén el ejercicio dela Jurisdiccióndel Patriarcado Latino; Nos declaramos que, en adelante, se llevará a cabo en la residencia, como en el pasado.

Por lo que se refiere a los límites del Patriarcado, Nos ordenamos y decretamos que, hasta que se decida otra cosa porla Sede Apostólica, todas las regiones y todos los lugares que actualmente están sujetos ala Jurisdicciónde Nuestro hijo, el Custodio del Santo Sepulcro, guardián dela Tierra Santa, dela Ordende los Frailes Menores de San Francisco, se sometan a la autoridad del Patriarca.

En cuanto a la institución de obispos sufragáneos del Patriarca, Nos, nos reservamos de manifestar nuestra decisión más tarde, y Nos reservamos este asunto a Nuestro juicio y al de nuestros Venerables Hermanos los Cardenales dela Congregaciónparala Propagacióndela Fe.(…)

Dado en Roma, junto a Santa Maríala Mayor, bajo el Anillo del Pescador, el 23 de julio de 1847, el segundo año de Nuestro Pontificado.

Pro Domino Card. Lambruschini

A. Picchioni, Substitutus

 

(Traducción del francés por Daniel Berzosa y López, OCSSJ)