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Posted on 21 Jun 2012 in A fondo, Publicaciones

Los cristianos tienen un papel que jugar en Oriente Próximo

Los cristianos tienen un papel que jugar en Oriente Próximo

Mons. Gollnish, director general de la Obra de Oriente

Mons. Pascal Gollnisch, director general de la Obra de Oriente, se refiere en este escrito a la esperanza generada por las revoluciones árabes; pero, también, a la inquietud vivida por las minorías religiosas, y, en especial por los cristianos.

Una inmensa esperanza, una inmensa inquietud

Tal es el estado espiritual contradictorio que siente cualquier observador atento a la situación en Oriente Medio. Las causas de los movimientos revolucionarios empiezan a conocerse:

  • Dificultades económicas que afectan a la clase media de los círculos de poder y su traslado a las capas más pobres.
  • Una juventud más formada que sus padres, capaces de utilizar Internet, pero no encuentran trabajo.
  • Las corrientes islamistas minoritarios, pero radicales.

Estos movimientos son parte de una historia

Hace un siglo, contrala Franciayla Gran Bretañadominadoras; hace cincuenta años, contra las dictaduras militares, y, hoy, ¡contra los gobiernos policiales y corruptos! Y siempre, con la sensación frustrante de que se roba al pueblo su revolución.

En este contexto, los cristianos están en una situación difícil

La desaparición de un poder central, incluso dictatorial, se manifiesta en tres ámbitos que se deben distinguir cuidadosamente:

  • Una corriente muy minoritaria que quiere la desaparición de las comunidades cristianas.
  • Una delincuencia que se desarrolla aprovechándose de la caída de las estructuras de seguridad.
  • Una sociedad musulmana que se resiste todavía en algunos países a reconocer a los cristianos y a las otras minorías como ciudadanos plenos.

Sin embargo, los cristianos tienen un papel que jugar

Representan una minoría abierta, bien formada, dinámica; una minoría pacífica, que se negó a utilizar la violencia; una minoría que se ha hecho respetar por su servicio a toda la población, a través de escuelas y hospitales. Una minoría de la que se sabe también que su no ambiciona tomar el poder. Los cristianos son víctimas puntuales de actos de violencia. No son objeto de una persecución sistemática y organizada.

En Siria, como sabemos, el conflicto se da, sobre todo, entre alauitas y sunitas.

En Irak, entre chiítas, árabes sunitas y kurdos sunitas.

En Egipto, entre islamistas y militares.

El futuro para los cristianos es inquietante; no se ha perdido, ni mucho menos. Se abren señales de esperanza. En muchos lugares se permite un verdadero diálogo entre cristianos y musulmanes de buena voluntad, en particular en el mundo universitario. Los jóvenes cristianos comienzan a formarse en la política “inteligente”, al servicio del bien común.

Por último, y sobre todo, no hay evidencia de que los musulmanes realmente deseen el establecimiento de dictaduras religiosas.

Algunos han creído que debían decir que la primavera árabe era un invierno para los cristianos.

Las mentes más agudas saben que esta primavera lo será para todos o será un invierno para todos.

(Traducción del francés por Daniel de Úbeda, OCSSJ)

Fuente: Página web (en francés) de la Obra de Oriente