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Posted on 20 Jun 2012 in Diócesis, Noticias de la diócesis

Ampliación del hospital de San Luis

Ampliación del hospital de San Luis

JERUSALÉN.- El hospital de San Luis, fundado en Jerusalén por el Patriarcado Latino y el consulado de Francia hace más de 160 años proyecta una ampliación. El centro, dirigido por las religiosas de San José, acredita su fama tanto por la calidad de la atención como por su apertura a todos con independencia de su credo.

Único hospital de Jerusalén especializado en cuidados paliativos y oncología, a la vez cristiano e inserto en el sistema de salud israelí, el hospital de San Luis es un centro singular en su clase. Un lugar donde todos los días conviven cristianos, árabes y judíos ya sea como pacientes, médicos y familias. Sobre este particular, para las hermanas de San José, a cargo del hospital desde 1848, es una cuestión de honor acoger a todos, con independencia de su confesión y sus orígenes. Y, con el mismo empeño, lo hacen la treintena de voluntarios venidos de todo el mundo.

Mirando al futuro

El hospital, que en 1988 recibió el “premio de la Calidad de Vida” en la Knesset (parlamento israelí), va a crecer. “Tenemos dos proyectos para los próximos años: la estandarización de habitaciones para 2013 y la creación de 10 plazas adicionales para el año 2016”, explica la H. Monika, jefa de enfermeras. Para conseguir estos objetivos, se necesitan 2 millones de euros, de los que, por ahora, solo se ha reunido medio millón. Cuando se complete la ampliación, el hospital podrá albergar a 60 pacientes. En la actualidad, hay 50 pacientes, de los cuales 17 son residentes, y 33 convalecientes. El 20% del total son cristianos.

“Queremos que cada uno sea quien es”

Respetar a cada paciente tal como es. Respetar sus orígenes, su fe, sus costumbres. Un leitmotiv que se ha convertido en uno de los pilares del hospital. “Tratamos de crear un lugar donde la persona -el paciente- está en el centro. Con respeto a todo lo que es, sin querer cambiarlo”, dice la H. Monika.  “Así, el hospital de San Luis se ha convertido en el único hospital cristiano kosher“, comenta como ejemplo de su afirmación. Y, tiene, claro es, su propia capilla.

Los pacientes (judíos, cristianos o musulmanes) comparten a menudo la misma habitación. Esto da lugar a encuentros insólitos entre las familias, según cuenta la hermana Monika con emoción. Como esa amistad que ha surgido recientemente en una habitación entre un padre judío junto a su hija en coma y el marido de una paciente musulmana. “Porque, al final, estar en la cabecera de un ser querido que sufre, hace que los corazones se acerquen, las manos se tiendan…, y las fronteras sociales, religiosas o políticas comiencen a desaparecer”.

Preguntada por si es necesario el sufrimiento para unir a las personas, la H. Monika responde con un “no” enérgico. “No hay que instrumentalizar el sufrimiento. Sobre todo, en esta región, donde el sufrimiento es a veces una fuente de violencia”. No obstante, apunta que “es cierto que el sufrimiento puede abrir puertas y permite ver el corazón del hombre”. En este sentido, “somos conscientes de que los enfermos nos ofrecen el regalo de la paz”. Porque cuando el corazón es visible, la paz es posible.

Amelie La Hougue

(Traducción del francés por Daniel de Úbeda, OCSSJ)