Pages Menu
Categories Menu

Posted on 8 Jun 2012 in Solemnidades, Vida espiritual, Vida litúrgica

Solemnidad del Santísimo Sacramento – San Cirilo de Jerusalén

Solemnidad del Santísimo Sacramento – San Cirilo de Jerusalén

Extracto de la Catequesis Bautismal XXII de san Cirilo de Jerusalén:

La lectura es de la Primera carta de Pablo a los Corintios: «Yo recibí del Señor lo que os he transmitido (I Cor 11, 23), etc.».

Institución de la Eucaristía

1. Incluso esta sola enseñanza de Pablo sería suficiente para daros una fe cierta en los divinos misterios. De ellos habéis sido considerados dignos y hechos partícipes del cuerpo y de la sangre del Señor. De él se dice que «la noche en que fue entregado» (I Cor 11, 23), nuestro Señor Jesucristo «tomó pan, y después de dar gracias, lo partió» (1 Cor 11, 23-24) «y, dándoselo a sus discípulos, dijo: “tomad, comed, éste es mi cuerpo”. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: “Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre”» (Mt 26, 26-28). Así pues, si es él el que ha exclamado y ha dicho acerca del pan: «Este es mi cuerpo», ¿quién se atreverá después a dudar? Y si él es el que ha afirmado y dicho: «Esta es mi sangre», ¿quién podrá dudar jamás diciendo que no se trata de su sangre?

Fe en el cuerpo y la sangre del Señor

2. En una ocasión, en Caná de Galilea, cambió el agua en vino (Jn 2, 1-10), que es afín a la sangre. ¿Y ahora creeremos que no es digno de fe al cambiar el vino en sangre? Invitado a unas bodas humanas, realizó aquel prodigio admirable. ¿No confesaremos mucho más que a los hijos del tálamo nupcial les dio para su disfrute su propio cuerpo y sangre?

Apariencias de pan y vino, pero realidad del cuerpo y sangre de Cristo

3. Por ello, tomémoslo, con convicción plena, como el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues en la figura de pan se te da el cuerpo, y en la figura de vino se te da la sangre, para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas partícipe de su mismo cuerpo y de su misma sangre. Así nos convertimos en portadores de Cristo, distribuyendo en nuestros miembros su cuerpo y su sangre. Así, según el bienaventurado Pedro, nos hacemos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4).

El «escándalo» del Pan de vida

4. En cierta ocasión, discutiendo Jesús con los judíos, decía: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6, 53). Pero como aquellos no entendiesen en sentido espiritual lo que se estaba diciendo, se retiraron ofendidos (cf. 6, 60) creyendo que les invitaba a comer carnes.

La Eucaristía, pan de la nueva Alianza para salud del hombre

5. Existían también, en la antigua Alianza, los panes de la proposición; pero, puesto que se referían a una alianza caduca, tuvieron un final. Pero, en la nueva Alianza, el pan es celestial y la bebida saludable, y santifican el alma y el cuerpo. Pues, como el pan le va bien al cuerpo, así también el Verbo le va bien al alma.

La certeza del don del cuerpo y la sangre de Cristo

6. Por lo cual no debes considerar el pan y el vino (de la Eucaristía) como elementos sin mayor significación. Pues, según la afirmación del Señor, son el cuerpo y la sangre de Cristo. Aunque ya te lo sugieren los sentidos, la fe te otorga certidumbre y firmeza. No calibres las cosas por el placer, sino estáte seguro por la fe, más allá de toda duda, de que has sido agraciado con el don del cuerpo y de la sangre de Cristo.

San Cirilo de Jerusalén

Fuente: Mercabá