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Posted on 19 Apr 2012 in Diócesis

Fiesta de la Divina Misericordia en Tel Aviv

Fiesta de la Divina Misericordia en Tel Aviv

En el corazón de la zona colindante a la estación central de autobuses de Tel Aviv, se encuentra una comunidad católica activa y viva (la comunidad de trabajadores filipinos), que ha tomado el nombre dela Divina Misericordia, y que celebró el sábado, 14 de abril de 2012, la fiesta dela Divina Misericordia.

Todos los fines de semana (viernes, sábado y domingo), se celebran seis misas en la capilla dela Divina Misericordia(calle Levanda en el sur de Tel Aviv), a la que asisten cientos de trabajadores inmigrantes filipinos. En este lugar, la comunidad, muy dinámica, organiza actividades tales como grupos de oración, formación de adultos y, también, lecciones de catecismo en hebreo para los niños de la comunidad matriculados en las escuelas del barrio.

El sábado, 14 de abril de2012, alas siete y media de la tarde, los sacerdotes que sirven a la comunidad, el padre Rick, el padre Pol, otro sacerdote que los ayuda de forma, el padre Angelo, capellán de los filipinos, y el padre David Neuhaus, S.J., coordinador de la pastoral de los inmigrantes católicos en Israel, celebraron una misa con motivo de la fiesta dela Divina Misericordia.Se ocuparon todos los asientos de la capilla y muchas personas tuvieron que situarse, apretadas, en el fondo; donde apenas había espacio. Los miembros del coro acompañaron la oración cantando con todo su corazón, y los fieles sumaron sus voces con una alegría evidente.

En su homilía, el padre David Neuhaus destacó el testimonio de paz y alegría que subyace en la resurrección de Jesús. El testimonio es la misión de los discípulos de Jesús, enviados a los confines del mundo. Mostrando sus manos y su costado, donde están las señales de la cruz, Cristo resucitado nos muestra las aberturas por donde la salvación irrumpe en el mundo. En nuestras vidas, nuestras acciones y nuestras palabras, se nos invita a ser los apóstoles de la paz y de la alegría en el corazón de una sociedad que no conoce a Cristo; pero que lo puede encontrar con nuestra presencia. Somos enviados como apóstoles de su amor.

Al final de la misa, las hermanas, las personas que ayudan a la comunidad, los miembros del coro y muchos amigos se reunieron en el patio del edificio para cenar y cantar. ¡La alegría de la resurrección había ganado todos los corazones!

(Traducción del francés por Daniel de Úbeda, OCSSJ)