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Posted on 10 Apr 2012 in Diócesis

Caminaron a Emaús

Caminaron a Emaús

Emaús. Lunes de Pascua, unos treinta caminantes abandonaron Jerusalén con destino a Emaús. Eran de nacionalidad francesa, italiana, india, alemana, española, israelí, vietnamita y congoleña… A su llegada, el patriarca latino de Jerusalén celebró la misa.

En el camino, ¿no ardía el corazón de estos discípulos de los tiempos modernos? ¡Por supuesto! Pero, a la llegada de la noche, aún el calor del sol quemaba en sus rostros enrojecidos por el cansancio. Al día siguiente del Domingo de Resurrección, el pequeño grupo de treinta peregrinos salió de Jerusalén a las seis de la mañana. Después de ocho horas de marcha entre valles y colinas en flor —un paisaje de resurrección—, llegaron al santuario de Emaús-Nicópolis, confiado ala Comunidadde las Bienaventuranzas, que había organizado esta peregrinación y la celebración del día en su casa. El santuario es un gran complejo eclesiástico bizantino, construido por fases en el sitio donde estuvo la casa de Cleofás (uno de los peregrinos de Emaús), y que los cristianos veneran como el lugar donde Cristo resucitado partió el pan.

Los caminantes se sumaron a los 150 peregrinos y fieles locales, que habían ido para asistir también a la misa presidida por el patriarca Mons. Fouad Twal y concelebrada por sus vicarios para Israel (Mons. Giancinto-Boulos Marcuzzo) y Jerusalén (Mons. William Shomali). La liturgia contó con los sones de una mandolina y un clave para reforzar la meditación del patriarca sobre el evangelio del encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús. En su homilía, Mons. Fouad Twal señaló, en primer lugar, que «a menudo nos identificamos con los discípulos de Emaús, en su marcha, en su decepción y, al final, con la respuesta del Maestro. Después de su encuentro con el Maestro, dejan de ser personas temerosas y desconfiadas y se convierten en mensajeros que proclamanla Buena Noticiadela Resurrección. Cambiande actitud y de camino».

Luego, el patriarca insistió en el hecho de que «con Jesús en Emaús, se ha cumplido toda la historia dela Salvación» y que el Espíritu Santo «nos sugiere» cuatro puntos de   conversión. En primer lugar, «caminar juntos»: «No nos debemos guardar para nosotros el descubrimiento del Resucitado. El mundo lo necesita». En segundo lugar, «escuchar a lo largo del camino»: «Mientras recorren el camino, Jesús ayuda a los discípulos y nos ayuda a comprender el significado del sufrimiento y la muerte». En tercer lugar, «abrir nuestras casas»: «La acogida y la hospitalidad son la primera oración quela Iglesiadirigió al Resucitado»: «Quédate con nosotros; ya está cayendo la tarde y se termina el día» (Lc 24, 28). Y «Él se quedó con ellos. Jesús desea quedarse, volver y descansar en nuestras casas, en nuestra Iglesia y en nuestros corazones. Cuarto: «Compartir el pan partido»: «la Escriturayla Eucaristíacompartidas son el lugar por excelencia para encontrar a Cristo resucitado. Aquí, en Emaús, lo tenemos todo».

Debe destacarse, por último, de este evangelio, que Cristo no pide nada a los dos discípulos de Emaús. No los envía de misión; sin embargo, no pueden ocultarlo. Corren a Jerusalén, la alegría les da alas. Y comparten lo que han visto. Si bien los caminantes de ayer no pudieron regresar a pie por la tarde, todos tenían el corazón ardiente porla Pascua. Jesúsha encendido el corazón de sus discípulos en el cruce del camino. Ayer, hoy y mañana, sigue enardeciendo el corazón de todos sus seguidores en los cruces de las Escrituras.

Christophe Lafontaine

(Traducción del francés por Daniel Berzosa de Úbeda, OCSSJ)

Álbum Picasa (40 fotografías)