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Posted on 26 Jan 2012 in Gran Magisterio, Orden del Santo Sepulcro

El pro-gran maestre de la Orden del Santo Sepulcro defiende la libertad religiosa

Mgr_OBrien

Entrevista con el cardenal electo O’Brien sobre la defensa de la libertad, el 20 de enero de 2012. «Los cristianos deben permanecer siempre alerta para hacer frente a los movimientos que buscan atentar contra la libertad religiosa».

Este fue el recordatorio pronunciado por el cardenal electo Edwin O’Brien cuando habló con ZENIT sobre el discurso que Benedicto XVI dirigió el jueves a obispos estadounidenses en su visita «ad limina». Arzobispo de Baltimore desde 2007 hasta el año pasado, y ahora pro-gran maestre de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, el cardenal O’Brien también sirvió como arzobispo castrense [de Estados Unidos] durante diez años. El Santo Padre anunció el 6 de enero que este prelado de 72 años de edad, sería «creado» cardenal el próximo mes.

¿Cuáles han sido sus impresiones de esta visita ad limina, en especial ante el próximo consistorio en el que se le impondrá la birreta cardenalicia?

Cardenal electo O’Brien: Bueno, no veo mucha relación, pero tengo ciertamente un interés adicional por las cosas romanas; ya que viviré pronto aquí, tan pronto como mi sucesor se instale —y espero que sea muy pronto; pero no nos han dicho nada aún sobre eso—. Me traslado a Roma de forma permanente, y las visitas a los dicasterios me han causado buena impresión, alguna buena orientación y una especie de sentido de expectación ante lo que me espera aquí.

El Santo Padre, en su discurso a los obispos, habló de la cuestión de la libertad religiosa. Los cristianos se enfrentan a la persecución en todo el mundo, tanto a la de la secularización de Occidente como a la persecución violenta en otras partes. ¿Qué significa para usted ser cardenal en este momento de la historia de la Iglesia?

Cardenal electo O’Brien: Al margen del hecho de ser nombrado cardenal, creo que, en Estados Unidos, siempre hemos estado preocupados por la persecución y la intolerancia en todo el mundo. Creo que jamás esperábamos que viniera en la forma que lo está haciendo en nuestro propio país; donde el gobierno está obstaculizando el muy buen trabajo que tratamos de hacer, al imponernos a la fuerza valores que son ajenos a la herencia judeo-cristiana.

El punto culminante de esta visita ad limina ha sido la audiencia con el Santo Padre. No creo que ninguno esperase una alocución tan magnífica como la que escuchamos ayer. Estuvo acertado e hizo las distinciones adecuadas, que valen perfectamente para nuestro país. Espero que podamos hacer el mejor uso de ello para ayudar a nuestros compatriotas a darse cuenta de que lenta, pero inexorablemente el «Gran Hermano» está cercando a las comunidades religiosas como la nuestra y el buen trabajo que tratamos de hacer.

¿Podría hablar algo más sobre el problema de los gobiernos que infringen la libertad religiosa, en lo que se refiere al aborto y a un matrimonio entre personas del mismo sexo? Por ejemplo, en Baltimore, el alcalde se ha pronunciado a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Cardenal electo O’Brien: En Baltimore, hace un par de años, se introdujo un nuevo requisito por ley aprobada por el consejo de la ciudad, que jamás se habría podido imaginar y que afectaba de lleno a nuestros centros de asesoramiento ante el embarazo, por el que tenían que poner el siguiente cartel: «No proporcionamos control de natalidad o servicios de aborto». ¿Por qué teníamos que hacer eso? Fue totalmente arbitrario, y un intento de apartarnos de la cuestión a favor de Planned Parenthood [ndt: organización abortista más grande del mundo]. Los tribunales han fallado a nuestro favor hasta ahora sobre esta cuestión.

[Además], si imitamos a otros estados que han aprobado leyes sobre matrimonio entre personas del mismo sexo, el siguiente paso será que tendremos que enseñar este como apropiado en todas nuestras escuelas, cada una de nuestras instituciones tendrá que aceptar el principio y la realidad en sus comunidades y dondequiera que trabajen. El siguiente paso será como lo que ya sucede en los países europeos: si se habla abiertamente de la inmoralidad de matrimonios del mismo sexo, se está expuesto a la criminalización. Es un terreno resbaladizo, y es seguro que va a suceder.

Lo esencial es que se compara esto con la discriminación racial, por el color —es decir, la pigmentación de la piel, que es una verdadera discriminación—. Pero estamos hablando de la institución básica fundamental del matrimonio tal como se ha entendido desde el principio más incipiente, desde las Escrituras y que, en todas las naciones civilizadas, ha sido [siempre] entre un hombre y una mujer abiertos a la procreación. Si tratamos de cambiarlo desde la simpatía o la emoción, es una iniciativa tremenda y peligrosa, y peligrosa para nuestro futuro.

Como pro-gran maestre de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, ¿podría hablar sobre los conflictos que se desarrollan en Tierra Santa, y cómo la Iglesia desde Roma puede hacerse presente a los cristianos de allí?

Cardenal electo O’Brien: Mi responsabilidad será apoyar las instituciones cristianas en Tierra Santa, de manera principal —aunque no exclusiva— en relación con el patriarca de Jerusalén. Y alentar a los miembros de la Orden a interesarse por lo que pase allí: [como] la disminución del número de cristianos, y las muchas obligaciones que tenemos en escuelas y hospitales, seminarios, las obligaciones que hemos asumido para apoyar a estas instituciones cristianas, y muchas otras instituciones católicas, y a la gente que vive allí. [Con] tan pocas personas que viven allí, la ayuda tiene que venir de fuera. Ese es el objetivo principal que voy a tener: educar, animar a los miembros de la Orden a interesarse aún más —no sólo en cuanto a sus donaciones, y a su participación en las actividades de la Orden, sino en lo que se refiere a la peregrinación—.

Nuestra misión principal es la santidad personal de cada miembro de la Orden. Si logramos eso —y lo tenemos especialmente [presente] en el venidero «Año de la Fe»— y trabajamos en la nueva evangelización con las diferentes lugartenencias y los miembros de nuestra orden, creo que también se conseguirá lo demás. Nuestra atención y nuestra ayuda a las instituciones en Tierra Santa y a nuestro patriarca se sucederán con inusitada rapidez. Ya hacemos mucho, pero considerada toda la Iglesia, esta nueva evangelización nos recuerda que nunca estamos donde deberíamos estar. Siempre hay más que podemos hacer, y no deberíamos presumir que sea posible sin la gracia. Pero la gracia está a nuestro alcance, y creo que habrá abundantes gracias en este Año de la fe.

Fue el arzobispo castrense de Estados Unidos. ¿Cuál es la situación de la asistencia religiosa a los militares, y cómo puede llevarse la nueva evangelización a los ejércitos?

Cardenal electo O’Brien: De 1997 a 2007, fui el arzobispo para los Servicios Militares, que incluye a 1,5 millones de católicos en las fuerzas armadas de los Estados Unidos y sus familias, y los hospitales de veteranos, que son más de 170. El arzobispo Broglio es ahora el ordinario militar, y está haciendo un trabajo maravilloso. Nuestro mayor problema es llevar la fe a los valientes y generosos hombres y mujeres de nuestras fuerzas armadas y sus familias. Y sin sacerdotes no podemos hacerlo de manera adecuada. Deberíamos tener más de 800 sacerdotes para atender a todas las ramas, y, estamos muy por debajo de 300 en la actualidad. Y sigue disminuyendo.

Hay buenas señales de vocaciones: el arzobispo Broglio ha hecho un trabajo fantástico, y creo que hay más de 30 seminaristas estudiando ahora. Pertenecen a varias diócesis del país, pero después de tres años de la ordenación se unirán al ordinariato militar. Es un primer, un enorme paso adelante. Y espero que, como resultado de las experiencias que algunos de nuestros hombres han tenido en combate, y en las fuerzas armadas, el sentido de generosidad, de sacrificio, de disciplina, haya señales suficientes de que las vocaciones vienen como resultado de la realidad del pecado y las penurias y el sufrimiento padecidos, y la importancia de la Iglesia para satisfacer esas necesidades. Creo que es lo que nuestros jóvenes tratan de responder en lo que se refiere a las vocaciones.

Ann Schneible

(Traducción del inglés por Daniel Berzosa y López, OCSSJ)

Fuente: Zenit