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Posted on 27 May 2010 in Homilías FT, Patriarca

Homilía del Patriarca Mons. Fouad Twal con ocasión de la consagración episcopal de Mons. William Shomali

[FrEnItArEsGe] Todo sumo sacerdote, tomado de entre los hombres y es constituido para el bien de los hombres, en las cosas que se refieren a Dios, Eb 5,1.

Querido Mons. William Shomali, nuestro nuevo Obispo auxiliar,
Queridos y venerables hermanos en el episcopado,
Queridos padres, religiosos y religiosas,
Queridos huéspedes, amigos y bienhechores,
Queridos hermanos y hermanas,

Agradecemos a la Providencia divina que hoy nos ha reunido aquí en Belén, en este lugar santo de la Natividad, para reforzar nuestra fe en Jesucristo, Hijo de Dios, nacido en esta Tierra Santa para salvar a la humanidad.

Damos las gracias a Dios por la alegría que nos da reuniéndonos alrededor de nuestro querido Mons. William Shomali, que será consagrado obispo dentro de unos momentos, revestido de la plenitud del sacerdocio, integrado en la sucesión apostólica y configurado a Cristo, Buen Pastor.

Nuestra gratitud se dirige también al Santo Padre Benedetto XVI, que ha mostrado su confianza en Mons. William Shomali nombrándolo  Obispo auxiliar de Jerusalén.

Esta consagración episcopal recurre al final del año sacerdotal, como una señal de estímulo y un consuelo en este período de violentos ataques dirigidos a desacreditar el celibato sacerdotal. En este contexto la consagración episcopal de Mons. Shomali nos invita a rogar por los sacerdotes del mundo entero y a pedir a Dios nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas. Nos brinda también la ocasión de expresar nuestra confianza, nuestra sincera gratitud y nuestro profundo respeto hacia todos nuestros sacerdotes: ¡ellos llevan el fardo de la responsabilidad y la misión apostólica, ellos se dedican y se sacrifican por el bien de nuestros fieles, contribuyendo a edificar el Cuerpo de Cristo, en su misma tierra! Qué el Dios los bendiga y los guie.

Se nos permita evocar aquí la piedad, la sabiduría y la ciencia de Mons. Shomali, adquiridas durante los largos años vividos como sacerdote, profesor, director espiritual y al fin como rector de nuestro Seminario de Beit Jala. Su amor por la Liturgia lo ha empujado a traducir al árabe el tesoro de oraciones e himnos de la Santa MIsa, los libros litúrgicos para la celebración de los Sacramentos y otros rituales. La gran parte de nuestros jóvenes sacerdotes ha podido beneficiarse de la enseñanza y de la dirección espiritual de Abuna William; ¡hacia él nutren una gran consideración y un profundo cariño, y saben que esos sentimientos son recíprocos!

Nuestra acción de gracias y nuestra emoción son aún más grandes ya que la consagración episcopal del Padre William coincide con el Jubileo de los 150 años de fundación de nuestra parroquia de Beit Sahour, su país nativo. Regalo providencial del Dios…

La parroquia de Beit Sahour fue fundada en 1859, aunque los padres franciscanos estaban presente desde 1720 por lo menos. El Syiar al-Ghanam – “el recorrido de los rebaños” -, lugar tradicional del Campo de los Pastores, perteneció providencialmente a la familia Shomali, que prefirió venderlo a los Franciscanos, aunque no fueran los mejores compradores.

El 14 de enero de 1897, el quinto párroco de Beit Sahour,el  P. Anton Danil Ghattas – hermano de la beata Marie-Alphonsine – dirigió una carta al Patriarca Latino Ludovico Piavi para animarlo a adquirir ese terreno. En su carta P. Ghattas expresó su admiración por la piedad de la familia Shomali, además de por su benevolencia y su gran generosidad respecto a la Iglesia latina. Esperaba el párroco poderla, un día, “conquistar”, deseo que sucesivamente se realizó más allá de todas sus expectativas. Efectivamente, la familia Shomali ofreció mucho más a la Iglesia de un trozo de tierra: un gran número de sus hijos y sus hijas consagraron su vida al amor de Cristo y del  próximo. Damos sólo un ejemplo: Mons. William es el segundo obispo de la familia Shomali. Antes de él ha recibido la consagración episcopal Mons. Fernando Chomali, actual Obispo auxiliar de Santiago, hijo de una rama de la misma familia emigrada a Chile hace algunas décadas.

Querido Mons. William, buen pastor, descendiente de los pastores de Beit Sahour, esos simples y gloriosos pastores que visitaron con alegría al Niño Jesús, encontraron la Gruta y fueron los primeros mensajeros del Nacimiento de Cristo, no queremos hacer aquí tu alabanza, por respeto a tu humildad. Esta última, unida a tu dulzura, ha conquistado la confianza de los fieles y de numerosos amigos.

En este día queremos también recordar a sus queridos padres, que ya no están en este mundo. Fueron conocidos por su fe y su devoción a la Santísima Virgen en el ámbito de la Legión de María, de la que formaron parte. Su padre escribió y tradujo muchas obras espirituales, sobre todo marianas. Una vez, en una representación teatral, desempeñó el papel de un obispo… Si queremos evocar a sus padres, es a causa de la importancia capital que la familia cristiana reviste en nuestro mundo de hoy. ¡A pesar de los límites de la fragilidad humana, ella debería seguir el ejemplo de la Sagrada Familia visitada por Sus antepasados, los pastores de Beit Sahour!

Queridos hermanos y hermanas, el episcopado no es una clase social superior, a la cual se asocian ciertos “privilegios”. Es un ministerio, un servicio y una pesada responsabilidad dónde la incomprensión, el rechazo y la persecución, bajo muchas formas, abundan. El obispo tiene la responsabilidad de anunciar el Evangelio y de velar sobre el rebaño a él confiado. El obispo debe también salvaguardar el depósito de la fe, transmitir y perpetuar la gracia del sacerdocio por la imposición de las manos, santificar la comunidad por los sacramentos y dar a todos el buen ejemplo.

Querido Sayyedna William, en nuestro Patriarcado se encuentra la “puerta estrecha” de la cual habla el Evangelio, la Calle Dolorosa, como también muros de separación de todo tipo. Usted está al servicio de esta querida patria de la cual  gran parte de los cristianos nativos, desafortunadamente, ha partido y con el corazón dolido han debido abandonar los santos lugares de nuestra redención. Sus conciudadanos, del mismo modo que todos los hombres de buena voluntad, reclaman continuamente a la comunidad internacional  justicia y la paz para esta Tierra Santa.

El Santo Padre conoce la trágica situación y la desesperación de muchos cristianos de la Iglesia Madre y es consciente de los difíciles desafíos que ella tiene que afrontar. Por ello ha convocado en Roma, para el próximo mes de octubre, un Sínodo para los Obispos del Medio Oriente. Dentro de algunos días iremos a Chipre, que es parte de nuestra Diócesis patriarcal, para encontrar al Santo Padre y allí nos entregará el Instrumentum laboris en preparación del Sínodo. A Su Santidad nosotros presentaremos “las preocupaciones de todas las Iglesias”, presentaremos nuestros sufrimientos y nuestras preocupaciones, pero también nuestras alegrías y nuestras esperanzas.

Queridos hermanos y hermanas,

Nos alegramos con el nuevo obispo, por el regalo que la Iglesia le otorga. Él es digno de ello.

Nos alegramos con los amigos venidos de lejos para celebrar juntos este gozoso acontecimiento.

Expresamos nuestras más queridas felicitaciones a toda la familia Shomali,  a la familia Jarayseh,  y a  todos los habitantes de Beit Sahour y de Tierra Santa.

Rogamos Dios, finalmente, que conceda fortaleza, ánimo y santidad a Mons. William  ¡Ad multos annos!

+ Fouad Twal, Patriarca latino

Belén, el 27 de mayo de 2010