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Posted on 12 May 2009 in Discursos y entrevistas FT, Patriarca

Discurso del Patriarca Fouad en la Misa en Bélen

Querido Santo Padre,

En nombre de mis hermanos, los Obispos Católicos de Tierra Santa, en nombre de todos las Iglesias locales de Jesucristo presentes sobre esta tierra, en nombre de todos los habitantes y visitantes de esta tierra santificada por el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, os doy la bienvenida hoy a Belén.

Os acogemos como sucesor de San Pedro, a quien Cristo le ha dado la misión de “confirmar a sus hermanos”: Vos sois entre nosotros como nuestro padre y nuestro hermano. Vuestra presencia aquí hoy significa que estamos siempre presentes en el corazón y el espíritu de la Iglesia Universal, que la Iglesia Católica nos apoya y nos da un valor renovado para servir a Nuestro Señor sobre la tierra.

A unos metros de aquí Nuestro Señor ha nacido, el Verbo de Dios se ha hecho visible. Dios ha visitado a su pueblo para ser el Emmanuel, “para estar con nosotros” y Él continúa a venir, para estar con nosotros todos los días. Sobre esta tierra, el mensaje de los Ángeles de Dios ha sido escuchado por los más pobres y los más pequeños: “Gloria a Dios en los más alto del cielo, y paz a su pueblo”. Tal ha sido el mensaje celestial recibido por nuestros ancestros, los pastores de Belén. Tal es el mensaje que continúa a ser proclamado todos los días. Si tal es el mensaje de nuestra tierra y de Belén para el mundo, nuestra vocación-misión sobre esta tierra martirizada es la de glorificar a Dios y la de esparcir Su Paz sobre la tierra. Este mensaje representa una tarea y una misión cotidianas. Él se manifiesta en el empeño de la Iglesia en servir a la paz y a la reconciliación, en sostener a los pobres, en fortalecer a los débiles, en comunicar la esperanza a los que están desesperanzados. Para esta misión, tenemos necesidad de vuestra ayuda y de vuestras oraciones.

Querido Santo Padre, esta tierra donde Jesús ha escogido vivir para salvar el mundo, tiene necesidad de paz, de justicia y de reconciliación. Nuestras heridas tienen necesitan de ser curadas, los prisioneros de ser liberados, nuestros corazones de ser purificados del odio, y nuestro pueblo de vivir en paz y en seguridad. Nuestro pueblo sufre y continúa sufriendo la injusticia, la guerra (la guerra a Gaza es aún una herida abierta para cientos de miles de personas), la ocupación y la falta de esperanza en un futuro mejor. Cuando hemos acogido a vuestro predecesor, el Papa Juan Pablo II, teníamos buena esperanza de alcanzar la paz, mas esta paz no ha llegado nunca. Muchos han abandonado toda esperanza y han dejado la Tierra Santa para ir a buscar un futuro mejor en otros países. He ahí por qué el número de Palestinos, cristianos sobre todo, ha disminuido y continúa a disminuir. En tanto que no encontremos la paz y la tranquilidad, yo tengo miedo que eso prosiga. En tanto la inestabilidad política perdure, en tanto se extienda el muro separando Belén de Jerusalén y del resto del mundo, nosotros no podremos encontrar la paz para nuestra tierra.

Querido Santo Padre, los ciudadanos de Belén y de los Territorios palestinos han venido a acogerlo y rezar con Vuestra Santidad: católicos y cristianos de todas las Iglesias, musulmanes y representantes de la Autoridad Palestina, hemos venido todos para renovar nuestro empeño a favor de una paz justa, una paz que dé a cada individuo y a cada pueblo el poder vivir dignamente sobre su tierra, una paz que permita a los padres no tener miedo por sus hijos y su seguridad, una paz que permita a esta Tierra Santa cumplir su vocación: Glorificar a Dios y vivir en paz.

Somos conscientes de la vocación de esta tierra de estar abierta a todos los creyentes, para alabar a Dios, de ser una tierra de armonía y de coexistencia pacífica, una tierra donde todos los creyentes en un mismo Dios puedan experimentar que ellos “han nacido aquí” (Sal 87). Ninguno puede pretender poseer esta tierra en lugar de los otros, y excluyendo a los demás. Dios mismo ha elegido esta tierra, y Él quiere que todos sus hijos vivan juntos.

Querido Santo Padre, hemos venido aquí para rezar con Vos y para escucharos. Todos vemos en Vos un mensajero de Paz, un jefe espiritual que defiende a los pobres y a los oprimidos, un padre y un hermano que trae un mensaje de amor y de solidaridad.

Para terminar, queremos repetiros nuestro empeño de vivir y esparcir la Buena Nueva de Jesucristo: con vuestra presencia la Iglesia Católica renueva su fe en nuestro Salvador Jesucristo, su amor por Dios y por su prójimo, y su esperanza en los designios misericordiosos de Dios para todos nosotros.

Que Dios y Nuestro Salvador sean con Vos, que ellos os sostengan y os guíen en vuestra misión y en vuestra obra constante en favor de la Paz y de la reconciliación.

+ Fouad Twal, Patriarca

Misa en Bélen, 13 Mayo 2009