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Posted on 8 May 2009 in Discursos y entrevistas FT, Patriarca

Discurso del Patriarca Fouad en el centro Regina Pacis de Ammán

Santísimo Padre,

En nombre del equipo y de los voluntarios, os acogemos de todo corazón en el “Centro Regina Pacis”, el cual comprende la iglesia del Buen Pastor -lugar de encuentro de los jóvenes cristianos de Jordania- y nuestros servicios para las personas discapacitadas.

Vuestra visita representa para nosotros la cumbre de nuestras esperanzas, la recompensa de nuestro trabajo y un estímulo para seguir aquí nuestra experiencia. Santo Padre, en las Santas Escrituras, el Señor dice: “A la oveja perdida, Yo la buscaré; a la extraviada, la reconduciré; a la que está herida, la sanaré… Yo los haré pastorear con justicia” (Ez 34, 16,).

Como los jóvenes del mundo entero, nuestros jóvenes de Jordania tienen la gran necesidad de un Buen Pastor que los guíe sobre los rectos senderos, que los reconduzcan por la penitencia y el perdón a las verdes praderas de la vida verdadera. Vos sois nuestro Buen Pastor, Santísimo Padre. Vuestra preocupación de guiar a los jóvenes es bien conocida, y nosotros nos acordamos con alegría de la acogida que ellos os han reservado durante la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney. También es con orgullo que todos estos jóvenes están reunidos hoy alrededor de Vuestra Santidad.

El “Centro Regina Pacis” ha nacido en el 2004, fruto del trabajo y la sabiduría de nuestro Obispo auxiliar en Amman, Mons. Salim Sayegh. Desde el principio, este Centro ha sido concebido como un instrumento propicio para consolidar la fe de los jóvenes cristianos del Reino Hachemita de Jordania y de los países vecinos. Leemos en la Escritura que Nuestro Señor “no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente” (Fil 2, 6); por el contrario Él ha venido en medio de nosotros, que somos débiles e impotentes, para compartir nuestra debilidad y elevarnos hasta Él.

Así, quienes están abiertos a la Palabra de Dios comparten su vida con aquellos que están más necesitados, dándoles fuerza. Animado por las autoridades civiles, nuestro Centro acoge gratuitamente todos los que están en necesidad, sin distinción de pertenencia religiosa o política, ni de estatus social. Lo que se hace, no sólo es una obra humana y espiritual, sino también social y nacional, ya que en su seno todas las clases de la sociedad jordana se encuentran y trabajan juntas, comparten su vida y se tienden la mano. Además, el Centro trabaja para hacer tomar conciencia de la dignidad intrínseca de las personas minusválidas. Ayudamos a las familias a reconocer esta dignidad, pero también a promover y defender los derechos de sus padres minusválidos en el entorno familiar y en la sociedad.

Pero el don no es en sentido único. La verdad es que aquéllos que prestan servicio a los minusválidos descubren con alegría como su mismo corazón se encuentra fortificado y ensanchado. Además, el testimonio ofrecido por las personas minusválidas, así alegres a pesar de su prueba, nos vuelve humildes. Estos hermanos y hermanas nos hacen tomar conciencia que nuestra inteligencia, nuestra fuerza y nuestra salud no son nada junto a un corazón que no cesa de esperar a pesar de la adversidad. Numerosos son aquéllos que, venidos aquí para dar, se dan cuenta que son ellos los que reciben.

Aquí, en el “Centro Regina Pacis”, los voluntarios, cristianos y musulmanes, reciben efectivamente mucho. La obra de amor que realizan, fundada sobre los principios religiosos comunes a las religiones cristiana y musulmana, los arraiga en la comprensión profunda que compartimos todos la misma humanidad. Eso también les da la oportunidad de experimentar concretamente lo que puede ser un diálogo constructivo, fundado en un trabajo efectuado en común, en un espíritu de apertura al otro, sin prejuicios ni ninguna cosa a priori. Aquí nuestro trabajo descansa sobre el respeto mutuo. Por el servicio que hacemos juntos, el corazón de cada uno se manifiesta a los otros, el corazón de cada uno se llena de confianza en la humanidad que reside en el corazón de los otros. Esta confianza en la humanidad de lo otros es la base de toda sociedad humana digna de este nombre.

Santo Padre, deseamos que os alegréis con nosotros de esto: del hecho que a través de esta obra, muchas personas han tenido la experiencia de la bondad del Dios Buen Pastor que nos guía, muchas personas han descubierto que es posible trabajar juntos en la confianza, de construir una sociedad que reconoce la dignidad de cada uno, empezando por los más débiles y más vulnerables.
Santo Padre, os pedimos hoy bendecir esta obra, todos sus bienhechores esparcidos por el mundo y todos aquéllos que, por su trabajo y su servicio voluntario, portan la salud y la esperanza a muchas personas.

+ Fouad Twal, Patriarca

09 Mayo 2009, Centro Regina Pacis de Ammán